Psicología de la Gestalt en Hipnosis Clínica.

Los resultados que se iban acumulando en relación a los procesos mentales superiores, particularmente en el campo del pensamiento, gracias a las aportaciones de la escuela de
Wurzburgo, estaban en abierta contradicción con la investigación y teorización estrictamente wundtianas, (
psicología en Alemania) lo que condujo no sólo a un cuestionamiento de la introspección como método científico, sino también a poner en duda la propia doctrina surgida a partir del análisis introspectivo de la llamada experiencia inmediata. Así las cosas, la comunidad psicológica estaba ansiosa por recibir aires innovadores, pues sus miembros se debatían en un mar de dudas y confusiones, sin poder asentar sus investigaciones en un cuerpo teórico coherente y en una metodología aceptable. Ahora bien, la escuela de
Wurzburgo tuvo una existencia demasiado efímera, y hasta diríamos prudente, para suponer una genuina alternativa a la
psicología wundtiana y las alternativas fenomenológicas se alejaban mucho de los objetivos científicos de los cul- tivadores de la psicología.

Sin embargo la
psicología de la Gestalt aspiró a tomar el timón del saber psicológico como paradigma dominante, no sólo desde su estancia euro- pea, sino también a partir de su asentamiento en
Norteamérica. Pero aquí, aunque los emigrantes gestaltistas se encontraron con los restos del
naufragio del estructuralismo y la
disolución del funcionalismo, tuvieron que enfrentarse a un
conductismo ya pujante, comprometido en una in- vestigación que partía de hechos directamente observables y medibles, rechazando por consiguiente cualquier forma de trabajo que tuviese como objeto la
consciencia y por tanto toda investigación basada en la introspección o sus derivados. En tal situación,
Kóhler (
1947) manifestó lo siguien- te:

“
El deseo de usar métodos perfectos y conceptos claros nos ha llevado al conductismo metodológico. La experiencia humana, en su significado fe- nomenológíco, no puede ser afrontada ni siquiera con nuestros métodos más fiables: y cuando tenemos que estudiarla, podemos vernos obligados a la forja de nuevos conceptos que a primera vista parecen un poco vagos. Por ello la mayor parte de los experinientadores evitan observar la escena fe- noménica o incluso referirse a la misma ”.

Sin embargo, es ésta la escena sobre la cual, en lo referente a los actores, se desarrolla continuamente el drama de la vida humana de cada día. Si no estudiamos nunca esta escena, y en cambio insistimos en métodos y conceptos desarrollados en investigaciones «
desde el exterior », nuestros resultados parecerán fácilmente extraños a cuantos viven intensamente «
desde el interior ».

Si bien es cierto que los
gestaltistas seguían respetando la concepción de la psicología como ciencia de la consciencia, ello no significaba asumir la
psicología wundtiana. Pensaban, al respecto, que el mal del
wundtismo no radicaba en su objeto de estudio (el qué y el cómo de la consciencia), sino en su concepción teórica y metodológica. Para los
gestaltistas alemanes, como dicen
Caparros y colaboradores (
1989), el error de los
wundtianos había consistido en estudiar la consciencia mediante un análisis introspectivo que suponía axiomáticamente la existencia de unos últimos elementos directamente experienciables y observables (sensaciones, sentimientos, etc.). La nueva propuesta que los
gestaltistas hicieron fue la del análisis feno- menológico que partía y finalizaba en la consideración de las totalidades presentes en la consciencia, sin ir más allá.

Con tales presupuestos propugnaron la
auto-observación de los fenómenos globales de la
consciencia con una concepción previa neutra e inge- nua, libre de toda teoría prefijada, gracias a lo cual podría tenerse acceso a los más significativos de tales fenómenos, consistentes en totalidades con propiedades peculiares, las cuales no están presentes en sus presuntos componentes elementales.

Así,
Wertheimer,
Koffka y
Kóhler, los máximos representantes de la
Gestalt, se enfrentaron al
atomismo introspeccionista, señalando que
la descomposición de las totalidades en partes era artificial, carece de sentido y científicamente estéril, pues se coloca de espaldas a lo que realmente a- contece en la mente. Su fundamento epistemológico y metodológico fue la
fenomenología, persiguiendo el estudio de la experiencia mental tal como nos es dada, sin ningún presupuesto teórico previo, sin ningún rompimiento analítico:
así, si enfocamos nuestra atención sobre un triángulo, se percibe un triángulo y no tres líneas (
Leahey, 1980).

En tal compromiso, el trabajo de
Wertheimer “
Estudios experimentales sobre la visión de movimientos ” (
1912), en el que estableció el
fenó- meno phi (que posteriormente analizaremos con cierto detalle), fue revolucionario, pues concretó con precisión el
posicionamiento gestaltista, por lo que puede ser estimado con toda justicia como el escrito fundacional de la psicología de la
Gestalt.
Características generales de la psicología de la Gestalt.
La función de
sistema alternativo a la psicología
wundtiana la ofertó en
Europa la psicología de la
Gestalt,
Gestaltheorie, Gestalpsycho- logie o
psicología de la forma o configuración, denominaciones que habitualmente se sintetizan en el lapidario y sustantivado de la
Gestalt, bajo cuyo nombre se acoge el cuerpo de conocimientos teóricos y el enfoque metodológico que se fue desarrollando a partir de los trabajos de
Wertheimer,
Kóhler y
Koffka.

Esta psicología nació en
Alemania, aunque en un momento dado se trasladó a
Estados Unidos a causa de la persecución que sus principales miembros tuvieron que soportar por parte del régimen nazi, por su condición de judíos (
Kóhler, sin ser de este grupo étnico, también tuvo que expatriarse), lo que no sólo aconteció con los psicólogos, sino también con otros muchos científicos.

En su etapa germana, los
gestaltistas plantaron cara, desde un principio, al
atomismo,
asociacionismo,
estatismo,
dualismo y
experimentalismo de los
introspeccionistas. En efecto, se inició una lucha abierta contra el
atomismo de
Wundt, o lo que denominaron
hipótesis del mosaico o de la gavilla, a partir de la concepción del mundo (
Weltanschauung) holística de
Wertheimer: éste declaró en
1922 que la teoría de la
Gestalt se fundamenta en la creencia en totalidades (
Gestalten), las cuales no vienen determinadas por sus elementos individuales, sino que los procesos particulares se hallan determinados por la naturaleza intrínseca del todo. Así mismo, la
Gestalt se opuso al
asociacionismo, resaltando la importancia de la captación de significados en el aprendizaje. Respecto al
estatismo, propusieron una visión dinámica enraizada en la teoría de los campos de fuerza de la física de aquel tiempo. Frente al análisis experimentalista plantearon su análisis fenomenológico. En cuanto al dualismo
cuerpo-mente, defendieron la hipótesis del
isomorfismo, que de alguna forma
niega la existencia autómoma de la mente, que era entendida como una expresión fiel de los campos eléctricos cerebrales, postura que iba en contra de la concepción que los
wundtianos mantenían sobre el
sistema nervioso.

Una de las raíces de la psicología de la
Gestalt está en
Kant, concretamente en el concepto de síntesis apriori: un proceso en el que la mente no es pasiva, sino activa, sin que ello implique la asunción de presuntas ideas innatas. Más cercanamente, la
Gestalt se entronca con la
psicología del acto de Brentano, que acentuó que el aspecto específico del fenómeno psíquico es su intencionalidad, en el sentido que la clave de lo psíquico no está en el contenido mental directamente proporcionado por nuestros sentidos (por ejemplo, las cosas que vemos, oímos o recordamos), sino en la consciencia acerca de, o en los actos relacionados con los objetos o contenidos (por ejemplo, en el acto de ver, oír o recordar). Así mismo recibió in- fluencias de la
escuela austriaca, donde destacaban
Von Ehrenfels,
Meinong,
Cornelius,
Witasek y
Benussi, los cuales habían puesto de ma- nifiesto las insuficiencia del
asociacionismo y de la teoría
wundtiana de la percepción (especialmente en los dominios de las formas espaciales y tem- porales), dado que explicaba la percepción como una especie de compuesto mental de sensaciones (química mental), careciendo de un adecuado prin- cipio integrador.

Siguiendo los pasos de
Mach, que en
1885 planteó la idea de la cualidad de la forma (
Gestaltqualitdt) en su análisis de las sensaciones,
Von Ehrenfels, uno de los pertenecientes a la
escuela austriaca, publicó en
1890 un artículo en el que matizó con precisión tal concepto, un evidente antecedente inmediato de la
idea nuclear gestaltista del todo o la forma.
Ehrenfels dijo, por ejemplo, que si se toma en consideración una melodía, es innegable que, de hecho, está constituida por ciertas unidades (las notas musicales), pero el resultado final no es meramente la suma de ellas, puesto que la melodía tiene características particulares, distintas a las que poseen las notas que la componen, cualidad peculiar (
Gestaltqualitát) que viene dada precisamente por su estructuración, por las relaciones que los elementos que la componen guardan entre sí. En todo caso,
Von Ehrenfels no adoptó un posicionamiento claramente antiatomista, sino que agregó un elemento más para explicar ciertos hechos de la experiencia inmediata, mien- tras que la
Gestalt se rebeló absolutamente contra la química mental y otros conceptos básicos del
wundtismo, como el
asociacionismo, la
hipótesis de la constancia, la
teoría de la significación, la
concepción del sistema nervioso y el análisis introspectivo (
Heidbreder, 1933).

Así, en cuanto al
elementalismo, los
gestaltistas negaron la existencia de las unidades irreductibles en los contenidos de consciencia, oposición que también expresaron respecto al
asociacionismo o cualquier otro tipo de explicación conexionista, incluida en la
hipótesis del mosaico, proponiendo la existencia de estructuras globales previas, que el análisis introspeccionista rompía artificialmente.

En cuanto a la
hipótesis de la constancia, que sostenía una exacta correlación entre el contenido de la estimulación en los órganos sensoriales y el contenido de la experiencia inmediata, fue igualmente dejada de lado, de la misma forma que la
teoría de la significación titcheneriana, que indica que es a partir del contexto y de la repetida experiencia con el hecho o el objeto cómo se obtiene tal significación. Se necesitaría, según los
gestaltistas, una enorme cantidad de aprendizaje antes de que un objeto complejo, como un rostro humano, pudiera reconocerse como idéntico desde diversas perspectivas y en variadas circunstancias, pudiendo ello ser explicado mejor a partir de la existencia en la mente de algo capaz de lograr por sí mismo tal captación global.

Por fin, en lo que toca al sistema nervioso, el
wundtismo lo entendía como un mecanismo de disposiciones rígidas, con trayectorias fijas y defini- das que se conectan con puntos también fijos y definidos, mientras que la
Gestalt mantuvo una doctrina de interacción dinámica de fuerzas, sin admi- tir estructuras espaciales que restringieran esa actividad.

También hay que decir que la
Gestalt tomó muy en cuenta la
fenomenología experimental de
Stumpf, quien supo iniciar en ella a algunos de sus discípulos, como
Kóhler y
Koffka. Tales raíces fenomenológicas de los
gestaltistas no fueron obstáculo para un acercamiento a la vigente física de entonces, particularmente a la teoría de los campos de fuerza, dado que
Kóhler había sido alumno de
Max Planck. Ello provocó la inserción, dentro del sistema teórico
gestaltista, de la visión dinámica y de la
hipótesis isomórfica, lo que se evidencia en el ensayo del citado
Kóhler "
Las formas físicas en reposo y en estado estacionario. " (
1920).

Con la atrevida
hipótesis isomórfica se trataba de superar el dualismo
cuerpo-mente, al mantener que los hechos de la mente tendrían sus oportu- nos sustratos fisiológicos o materiales en el cerebro, dándose una correspondencia topológica entre los campos de fuerzas mentales y los campos de fuerzas bioeléctricas cerebrales.

Pero el supuesto central, el principio básico, de la psicología de la
Gestalt es, sin duda, que el todo es más que la suma de las partes. De aquí el término alemán
Gestalt que significa forma, configuración y modelación, a lo que los
gestaltistas añadieron los significados de estructura, todo orgánico y organización (
Sahakian, 1975). Desde esta perspectiva, que tiene un origen claramente fenomenológico, el estadio siguiente fue deter- minar los principios que dieran cuenta cómo los elementos entran a formar parte de las estructuras, formas, todos u organizaciones. Tal tesis funda- mental fue así concretada por
Wertheimer (
1944):

"
Hay contextos en que lo que está ocurriendo en el «todo» no puede deducirse de las características de las piezas separadas, sino a la inversa; lo que le ocurre a una parte del «todo» está determinado, en los casos claros, por las leyes de la estructura interna de su «todo».
Koffka en
1935, por su parte, delimitó el concepto de
Gestalt como sigue:

"
El intento de encontrar «todos» funcionales coherentes dentro de la masa de fenómenos, tratarlos como realidades primarias completas y en- tender tanto el comportamiento de estos «todos» como el de sus partes, más a partir de leyes totales que de leyes parciales.
Si bien la demostración de la existencia de los referidos todos o estructuras se centró primeramente en el campo perceptivo, donde están las prin- cipales aportaciones
gestaltistas, de ninguna forma éstas se atuvieron únicamente a tal terreno. Tal como afirma
Kóhler (
1947), la categoría de
Gestalt se puede extender mucho más allá de los límites de la experiencia sensorial:
en la definición funcional más general del término es lícito incluir en el mismo los procesos de aprendizaje, del recuerdo, del esfuerzo de voluntad, de la actitud emotiva, del pensar, del obrar, etc.
Es decir, que la
Gestalt se comprometió en la realización de un programa de psicología general, tal como lo hizo el
wundtismo, al igual que se lo plantearon, al menos en cierta forma, el
funcionalismo norteamericano (que se desenvolvía en paralelo con la
Gestalt), y, en un plano ajeno al mundo académico, el
psicoanálisis, que progresivamente fue más allá de una teorización sobre el trastorno mental y del establecimiento de una técnica te- rapéutica, callendo en el desorden absoluto y posteriormente en el descrédito académico.

Como hemos dicho, los
gestaltistas estaban de acuerdo con los
wundtianos en que el objeto de la psicología había de ser la consciencia, pero rechazaron sus supuestos teóricos y metodológicos. Para aquéllos el error de la escuela de
Leipzig había sido pretender estudiar la consciencia partiendo del apriorismo de que en ella se daban unidades, elementos o átomos directamente experienciables tras la oportuna introspección analítica. Por consiguiente, los
gestaltistas, al plantearse el estudio de fenómenos significativos globales de la consciencia, tuvieron que desechar tal enfoque metodológico, en favor de los experimentos semi-informales (y en alguna ocasión formales), y, sobre todo, apoyándose en el análisis fenomenológico, esto es, en una
auto-observación de lo que encontraban directamente en la consciencia, sin presupuestos ni prejuicios de ninguna naturaleza. Tal observación fenomenológica posibilitaría el acceso a los contenidos significativos de la consciencia (
Caparros y cols., 1989), que no era precisa- mente lo que interesaba a los
wundtianos, comprometidos con un análisis experimentalista.

En resumen, en opinión de esta escuela , apoyándose en
Leahey (
1980) y
Marx e Hillix (
1963), los postulados esenciales de la psicología de la
Gestalt pueden considerarse los siguientes:
1). La psicología ha de centrarse en el estudio de la experiencia inmediata del organismo, pero no analítica o atomísticamente, sino como totali- dades, como la experiencia venga dada.
2). Los fenómenos psíquicos son estructuras dinámicamente constituidas, en las que el todo es algo más que las partes, poseyendo tales totali- dades o configuraciones (
Gestalten) propiedades genuinas que no están presentes en sus partes.
3). El análisis fenomenológico es el único acceso metodológico válido para lograr los anteriores objetivos.
El trabajo fundacional de la Gestalt: antielementalismo.
Tiene cierto interés referir con algún detalle el trabajo fundacional de la psicología de la
Gestalt, Estudios experimentales sobre la visión de movimientos (
Wertheimer, 1912), realizado en el
Instituto de Psicología de Francfort. Se relata en muchos textos de historia de la psicología que ello se debió un poco al azar:
Wertheimer iba de vacaciones camino de
Renania, haciendo una parada en
Francfort para adquirir un
estro- boscopio (aparato que permite iluminar, mediante pequeños destellos espaciados regularmente, un cuerpo dotado de movimiento de rotación o mo- vimiento vibratorio), el cual necesitaba para demostrar experimentalmente las ideas que tenía en la mente. En esta ciudad estableció contacto con
Schumann, que en aquel mismo verano de
1910 había llegado al
Instituto de Psicología de Francfort, el cual ofreció a
Wertheimer un lugar en dicho centro para trabajar, proporcionándole un
taquistoscopio, aparato que también necesitaba para sus investigaciones.
Koffka se incorporó por entonces al
Instituto y unos meses después
Kóhler, los cuales actuaron como sujetos experimentales en el trabajo fundacional de la
Gestalt.

Los resultados de la investigación sobre la visión de movimientos mostraron con elegancia que, al menos en ciertos fenómenos perceptivos, como el movimiento aparente (
fenómeno phi la base teórica y la metodología
wundtianas se mostraban inútiles y no así la perspectiva
gestaltista:
el todo perceptual es experimentado como una estructura global, pudiendo únicamente ser descrito como tal todo y no a partir de un análisis atomista. Los gestaltistas insistieron en que la psicología había de ocuparse de tales Gestalten de la experiencia perceptiva, precisando paulatinamente los principios que regulaban esos fenómenos significativos de la consciencia.
En un ambiente oscuro, se ilumina mediante un rayo (
Rj), emitido por un proyector (
Pj) un objeto (
Oj) situado a la izquierda del observador. Después de algunos segundos se apaga tal rayo de luz y en rapidísima sucesión (fracciones de segundo, óptimamente 60 milisegundos) se ilumina (
R2) un segundo objeto idéntico al anterior (
O2) colocado a la derecha del observador. El resultado perceptivo es ver un único objeto que se desplaza de izquierda a derecha.

Lo que sucede en la consciencia no puede ser explicado a partir de lo que objetivamente acontece, o, dicho de otra manera, la percepción del movimiento aparente no se esclarece a partir de la experiencia sensorial tal como la entendían los
wundtianos. Hay algo que se crea, algo subjetivo que supera la explicación elementalista que pudiera darse con un análisis introspectivo: a ese algo lo llamó
Wertheimer fenómeno phi, evitando el epígrafe movimiento aparente que se prestaba a interpretaciones confusas, como por ejemplo entender el fenómeno como una simple ilusión.

Como indican
Caparros y cols. (
1989), se estableció que
phi es un algo que, al mismo tiempo que se construye sobre los elementos percibidos, los abarca y los unifica, y, por otro lado, su contenido fenoménico surge de una complementación subjetiva, creándose hechos que realmente no han tenido acceso a la consciencia desde los objetos externos. En resumen, es un fenómeno originario e irreductible, que emerge de ciertas relaciones que dejan de existir desde el momento en que los elementos son considerados aisladamente, un fenómeno que se destruye si se analiza al modo
wund- tiano, esto es, a partir de la
hipótesis del mosaico o de la gavilla, que trata de explicar el fenómeno perceptivo teniendo en cuenta meramente la yuxtaposición de las sensaciones engendradas, desvinculadas entre sí y sin interacción entre ellas, como las piezas de un mosaico colocadas unas al lado de las otras, o las ramas de trigo que conforman una gavilla.

Y es que
Wundt y los restantes asociacionistas se limitaban a interpretar los componentes perceptivos desde ahajo, exigiendo los descubri- mientos de la
Gestalt lo que
Wertheimer (
1944) denominó una interpretación desde arriba, porque las partes componentes exhiben características debidas a su posición dentro de una estructura mayor, de modo que el todo determina el significado de sus partes.
El aprendizaje por perspicacia y el pensamiento productivo: antiempirismo.
Pero no fue sólo la crítica antiatomista o antielementalista derivada de lo anterior la que mantuvieron los
gestaltistas, sino que también manejaron una crítica antiasociacionista, pues aun contando con el factor experiencial, se opusieron al
asociacionismo mecánico tradicional.

Una consecuencia de tal posicionamiento fue revisar el papel de la experiencia. Sin caer en perspectivas innatistas, ni en un rechazo absoluto del valor de la experiencia o práctica, los
gestaltistas pusieron en duda el valor de ésta, al menos como se entendía en el
asociacionismo de aquellos tiem- pos. Esto se evidenció claramente en los trabajos de
Kóhler (
1917) sobre el aprendizaje por perspicacia, intuición o invisión (
Einsicht), en base a experimentos con pollos y chimpancés en
Tenerife, todo lo cual está recogido en su libro “
Pruebas de inteligencia en antropoides ”.
Kóhler se opuso a la tesis de
Thorndike sobre el aprendizaje animal en base al ensayo y error, defendiendo una teoría que implica la posibilidad de captar relaciones significativas entre los componentes participantes en el aprendizaje, lo que en ciertos animales, alcanza la capacidad de darse cuenta de la solución de un problema de forma súbita, intuyendo perspicazmente el todo significativo.
Kóhler (
1917) experimentando con pollos se percató de que la explicación de una conexión
estímulo-respuesta por la mera práctica (ensayo y error) era inadecuada, al verificar que tales animales captaban estructuras y relaciones en los
estímulos perceptivos: es clásico, en este sentido, recordar el experimento en el que unos pollos eran entrenados para obtener alimento cuando picoteaban sobre una superficie gris clara, alimento que no lograban si picoteaban sobre una superficie gris oscura; si se les mostraba después tal superficie gris clara junto a una otra aún más clara, los pollos no picoteaban, como era de esperar (en función de la
teoría conexionista) en el gris claro del entrenamiento previo, sino en la más clara de las dos su- perficies, prueba de que habían sido capaces de percibir una relación: el alimento está bajo la superficie más clara.

Por otro lado, en el caso de los chimpancés,
Kóhler mostró como
Sultán, uno de ellos, podía encontrar ciertas soluciones valorando, por así de- cir, la situación estimular, haciendo un inventario de las posibilidades, para poner en práctica de forma inmediata la conducta apropiada, como acceder a un plátano depositado en el exterior de su jaula uniendo dos cañas de bambú que tenía a mano.
Spence (
1950), desde el bastión
conductista, se opuso a la
teoría relacional de
Kóhler, argumentando defectos metodológicos y carencia de una genuina explicación, pero sin embargo los hechos que éste mostró se acercan mejor, a entender de esta escuela, a la esencia del aprendizaje superior que las
teorías conductistas.

En cuanto al pensamiento productivo, un derivado indudable de la invisión o perspicacia,
Wertheimer (
1945) aplicó los principios
gestaltistas al ser humano, rechazando la importancia decisiva de la contigüidad y del ensayo y error de
Thorndike, para insistir en la posibilidad de utilizar un pen- samiento más libre y creativo, en donde los errores tienen utilidad en tanto impiden al sujeto regresar a las ideas que le hayan conducido a ellos (
Dun- cker, 1945).

Como dice
Wolman (
1960), el
pensamiento productivo relaciona los medios con las tareas y los fines, así como con la situación total. Siempre que un organismo se enfrenta con un problema, las tensiones le conducirán a una actividad de resolución de problemas o
pensamiento productivo, que se apoya en lo que
Wertheimer llamó procesos
de tipo a, que versan acerca de soluciones decisivas pertenecientes a problemas estructurales, com- prendiendo operaciones tales como el agrupamiento, la reorganización y el descubrimiento de características esenciales. Por el contrario, los procesos de tipo y se oponen al
pensamiento productivo, pues llevan a soluciones prematuras, desenfoques, etc., siendo los procesos que corresponden al aprendizaje por asociación, condicionamiento o ensayo y error. También habló
Wertheimer de procesos
tipo b, que son en parte productivos y en parte mecánicos.

Una de las ideas más importantes de la teoría de
Wertheimer acerca del
pensamiento productivo se refiere al enfoque y al reenfoque: en lo primero se produce un cambio o transición desde un punto de vista subjetivo o personal a un punto de vista más neutral, con una aprehensión objetiva de la situación total y de los requisitos estructurales y funcionales, anulándose así la interferencia de las propias creencias y experiencias personales. En cuanto al reenfoque consiste en la obtención de una perspectiva nueva y penetrante, proporcionando un original ángulo desde el cual considerar la cuestión. La repetición, aun dándole cierta utilidad, fue estimada por parte de
Wertheimer contraria para el establecimiento y funcionamiento del
pensamiento productivo, ya que induce fácilmente a una mecanización y a cerrar las posibilidades de un abordaje abierto de los problemas.

En todo caso, y tal como manifiesta
Gabucio (
1993), en la obra de
Wertheimer sobre el pensamiento no se dan definiciones formales y generales de cada una de las operaciones que participan en el mismo, sino descripciones-explicaciones derivadas de la reconstrucción de situaciones-problemas particulares, lo que torna las tesis de
Wertheimer sumamente vaporosas.