Técnicas conductuales.
1).
Programación de actividades incompatibles: Se utiliza para que el paciente ejecute una serie de actividades alternativas a la conducta pato- lógica.
2).
Escala de dominio/placer: Se le induce al paciente un registro de las actividades que realizará a lo largo del día de forma que perciba el dominio que tiene en su ejecución y el placer que le proporciona. Esta información es utilizada para recoger evidencias de dominio o para reprogramar activida- des que proporcionan más dominio o placer.
3).
Asignación de tareas guiadas: Cuando el paciente tiene dificultades para ejecutar una conducta dada, el terapeuta elabora para el paciente u- na jerarquía de conductas de dificultad intermedia hasta alcanzar la conducta meta.
4).
Entrenamiento asertivo: Se utiliza para que el paciente aprenda a manejar con más éxito sus conflictos interpersonales y exprese de modo no ofensivo ni inhibido, sus derechos, peticiones y opiniones personales.
5).
Ensayo conductual y rol playing: Se recrean escenas con
psico-imágen que el paciente ha vivido con dificultad y mediante modelado y ensayo de otras conductas se van introduciendo alternativas para su puesta en práctica.
6).
Exposición en vivo: La expresión "
en vivo " aquí utilizada, no es del todo exacta en
hipnosis clínica, ya que las imágenes en las que el pa- ciente se expone a su estresor son
psico-imágenes y no experiencias reales, aunque el cerebro las interprete como tal. De esta forma, el paciente se enfrenta de modo más o menos gradual a las situaciones temidas sin evitarlas, hasta que desconfirma sus expectativas atemorizantes y termina por habituarse a ellas. (desensibilización)
¿Por qué Terapia Cognitivo Conductual?. La diferencia entre Terapia Cognitivo Conductual y el enfoque cognitivo puro.

Nos gusta definir a la
terapia cognitivo conductual no como una teoría o una
escuela psicológica, sino como un enfoque cuya unidad se halla dada por una metodología en la obtención del conocimiento. En otras palabras, se trata “
sencillamente ” de la
aplicación clínica de los conocimientos de la psicología clínica y la hipnosis clínica a la solución de los problemas humanos; aclaramos
clínica, porque esos mismos principios se utilizan en ámbitos tan variados como la educación, el trabajo, la publicidad, por sólo mencionar los más conocidos. No obstante, se escucha hablar frecuen- temente de la
terapia cognitiva, sin el agregado de la palabra
conductual. Pues bien, ¿por qué? ¿Indica esto una diferencia real en cuanto a las prácticas o se trata sólo de una manera de expresarse, digamos, para ahorrar palabras? Y si hay diferencias, ¿en qué consisten?.

Empecemos por los orígenes, hagamos un poco de historia. Podríamos diagramar el desarrollo de la
terapia cognitivo conductual en tres eta- pas. La primera de ellas se desarrolla entre los años
1950 y
1970 de manera paralela pero independiente en
Inglaterra y
Estados Unidos. Este período se halla signado por un fuerte auge de la teoría del aprendizaje fruto de la investigación básica en laboratorio. Por un lado, los
psicólogos británicos dedicaron sus esfuerzos especialmente a los desórdenes de ansiedad, apoyando sus intervenciones en la teoría del
condicionamiento clásico propuesta por
Pavlov. En esta línea se destacan claramente los trabajos de
Hans Eysenck y
Joseph Wolpe. Por otra parte, en
Norteamérica, los psicólogos se orientaron predominantemente al tratamiento de pacientes institucionalizados y crónicos, fundamentalmente psicóticos con elevado grado de deterioro.

En este último caso, la teoría del
condicionamiento operante propuesta por
Skinner dio el marco de referencia. Más allá de estas diferencias, ambas líneas de trabajo se manejaron con escasa teorización y excesivo empirismo, poniendo su énfasis en el comportamiento. Este último era considerado el producto de los eventos ambientales, experiencias de aprendizaje formadas casi exclusivamente a través del
condicionamiento. Este enfoque que otorgaba escasa importancia a los fenómenos mentales o cognitivos representa históricamente la arista conductual de la actual.
Terapia Cognitivo Conductual.
La insuficiente teorización del anterior modelo sumada a su dificultad para dar solución a algunos desórdenes psicológicos son elementos claves en el surgimiento de las
terapias cognitivas, que inauguran el segundo período en el desarrollo. A mediados de década en los años
60,
Aaron Beck y
Albert Ellis comparten la visión de que la mayor parte de los
desórdenes psicológicos nacen por
cogniciones incorrectas y / o un procesamiento cogni- tivo defectuoso.

Coherentemente con lo anterior, proponen que el “
remedio ” para tales desórdenes consiste en la corrección de los procesos cognitivos defectuo- sos y en el reemplazo de las ideas incorrectas y disfuncionales por otras más realistas, adaptativas y funcionales. Definitivamente, la
terapia cogni- tiva de
Beck selló su éxito en la historia de la psicología con el
tratamiento de la depresión. El nuevo enfoque enriqueció sustancialmente a las estra- tegias terapéuticas derivadas de las teorías del condicionamiento que no habían logrado respuestas totalmente satisfactorias para el desorden mencio- nado.

Hacia finales de la década del
80, el desarrollo exitoso del
tratamiento para el desorden por pánico establece el vínculo de las dos corrientes men- cionadas en un sistema de trabajo más amplio, inaugurando así la tercera etapa del desarrollo de la
terapia cognitivo conductual, que continúa hasta nuestros días.

De este modo, el enfoque de la
terapia cognitiva, el
enfoque cognitivo más puro, se refiere a un sistema de trabajo terapéutico basado funda- mentalmente en el rol que las
cogniciones y los
procesos cognitivos juegan en generación de las
emociones. Se sostiene que el cambio en los pen- samientos y en los sistemas de procesamiento conducirán a cambios emocionales y comportamentales. En esta línea se ubican las
técnicas terapéuti- cas:
identificación,
discusión y
puesta a prueba de pensamientos automáticos;
identificación,
análisis y
cambio de creencias y supuestos básicos;
modi- ficación de esquemas disfuncionales de procesamiento.

Todos estos procedimientos se hallan orientados al proceso de
reestructuración cognitiva, su fin consiste en
rediseñar,
remodelar,
cambiar el siste- ma de pensamientos, ideas, creencias que presenta el paciente a fin de transformarlas en más racionales, más realistas, más funcionales.

En comparación con lo anterior, el enfoque
conductual se fundamenta en la concepción de que el
comportamiento en general y
los desordenes emocionales en particular, responden a
contingencias ambientales de acuerdo con las leyes del condicionamiento. Así, las
técnicas derivadas propo- nen un cambio comportamental basado en la creación de nuevas conexiones de
estímulos y
respuestas que reemplacen a las viejas y menos funciona- les asociaciones. Esto se logra a través de una
manipulación sistemática y cuidadosamente planificada de las contingencias ambientales, tal como cuando para ayudar a una persona a superar sus miedos, ordenamos los estímulos provocadores de ansiedad y los presentamos gradualmente mien- tras ella se relaja. Buscamos así crear una nueva asociación entre el evento disparador de ansiedad y la respuesta de relajación. Hoy, más allá de los avances en el terreno
cognoscitivo, se acepta ampliamente que existen
desórdenes psicológicos para cuyo tratamiento no se puede prescindir de las
técnicas conductuales. Tal es el caso de los hábitos nerviosos (tricotilomanía, tartamudez), desórdenes del control de impulsos, adicciones, depre- siones graves o problemas de aprendizaje. Baste sólo para ilustrar, en el tratamiento de la agorafobia, la
terapia de exposición con prevención de la respuesta, una técnica eminentemente
comportamental, constituye la opción más efectiva.

No obstante los orígenes relativamente independientes de ambas líneas de trabajo, en la actualidad la mayoría de los
hipnoterapeutas dedica- dos a la práctica
clínica aceptan que la integración de ambos paradigmas conduce a la mayor eficiencia terapéutica. De hecho, encuestas realizada a
hipnoterapeutas clínicos en distintas ciudades europeas y norteamericanas, revelan que el
80 % de los profesionales declaran poseer una orien- tación
cognitivo conductual, un
10 % sólo
cognitiva mientras que el
10 % restante abarca a todas las otras formas de práctica
clínica que hoy existen en
hipnosis.