
La
hipnosis es una herramienta de la
psicología que trata la
psique. El nombre griego de
psyche es
mariposa, y la misma palabra significa
alma. La analogía con la
mariposa se debe a la antigua creencia de la inmortalidad del
alma y parecía adecuada ya que un insecto hermoso y maravilloso como la
mariposa sale de una tumba gris, en la que estuvo viviendo como larva, para luego explotar con todos los colores y fragancias de la primavera.

La historia de la
psicología y la
hipnosis comienza y se confunde con los primeros filósofos griegos. Es imposible decir cuando, como y quien la comenzó. En cambio podemos deducir que la
psicología deriva de la
filosofía a partir de dos corrientes que son el
asocianismo y la
cuantificación con los psicotests y la
psicofísica, sin embargo, ya desde hace
3.500 años los
egipcios utilizaban algo muy parecido a la
hipnosis como herramienta médica.
De la antigüedad al renacimiento.
A pesar del carácter lógico, de su
filosofía y de su
medicina, los
griegos de la antigüedad recurrieron a la
religión para pedir la curación de sus enfermos.
Asclépios,
Dios de la medicina, tenía sus templos y sus sacerdotes. Esta corriente religiosa mantiene su permanencia en el curso de los siglos y milenios en lo que toca a las enfermedades en general y las
enfermedades mentales en particular.
Hipocrates. (
siglo V antes de Cristo) es el médico que efectuó la síntesis de los conocimientos de su tiempo. Está al principio de la "
teoría humoral ". Según la cual, la salud depende del equilibrio de los
humores (
sangre, bilis).

No había diferencia entre
enfermedades del espíritu y
enfermedades del cuerpo. Los disturbios (
confusiones) de los humores alteran el funciona- miento del cerebro y provocan así la locura. El médico procura restaurar el equilibrio, particularmente con una alimentación y medicinas apropiadas, sin excluir la escucha del enfermo. Con el transcurso de los siglos, aparecen varias "
escuelas ".

La
escuela dogmática sigue las teorías de
Hipocrates, mientras que la
escuela empírica considera sólo la experiencia (experimento). La
escuela metodista se opone a las anteriores. La
escuela neumática busca el origen de las enfermedades en la perturbación de la circulación del "
pneuma " en el cuerpo. La terapéutica consiste en ejercicios, masajes, viajes, baños, sangrías, purgación, dieta, herbolario... etc.

La categoría de las enfermedades mencionadas son de tres tipos, el
phrénétis (
frenesís, trastornos mentales agudos y fiebre), la
manía (
agitación sin fiebre),y la
melancolía (
disturbios y confusiones crónicos sin agitación ni fiebre).

Se investigan las causas. El
histerismo es atribuido a
las migraciones del útero desatando sus ataduras en la cavidad pélvica. El médico preconiza el matrimonio y los contactos sexuales con el fin de devolver a su sitio el órgano migratorio.
Los romanos.
1) -
Celso. (siglo 1 d.c.) Distingue entre las enfermedades
agudas y las
enfermedades crónicas y divide cada grupo en
enfermedades generales o
locales.
2) -
Galeno. (
siglo II) Elabora la
teoría de los temperamentos (
sanguíneo, flematico, colérico y melancólico). Las enfermedades del alma son unas lesiones de la sensibilidad y de la inteligencia debidas un ataque del cerebro o de otro órgano, transmitido al cerebro por simpatía. Relaciona el
histe- rismo con una
polución de la sangre bajo el efecto de la retención de un líquido seminal femenino, arrastrando una irritación de los nervios y, como consecuencia de ello, las convulsiones.
3) -
Celius aurelien. (
siglo V) Aparece como el último gran médico latino que se inscribe en una descendencia caracterizada por la
observación y el
positivismo, continuando los conocimientos adquiridos por sus predecesores.
4) - El
derecho romano. instituye la incapacidad de el enajenado "
mente captus " que es siempre incapaz. El "
furiosus" es capaz solo en los intervalos de lucidez. Se crea un "
curador de los locos ". Los locos inofensivos se quedan en familia, los que son peligrosos son detenidos. Se crean algunos establecimientos caritativos en el fin del imperio.
Los hebreos.
Los
hebreos aportan una concepción religiosa monoteísta, acusando de falsedad al politeísmo y la magia. La
enfermedad es para ellos
el castigo de los pecados, y los sacerdotes aparecen como curanderos. La Biblia. "
Deut. 28.28 ""
Yahvé te golpeará de delirio, de ceguera y de extravío de los sentidos a punto que irás a tanteos en pleno día como el ciego va tanteando en las tinieblas, y tus pasos no acabarán ".

La
musicoterapia aparece entre los tratamientos: "
David toca el arpa a un Saúl agitado ". Los sueños son objeto de interpretaciones.
Cristo cura a los "
posesos ". Los
Hebreos se tiñen de cultura griega en el curso de los siglos, asegurando la conservación y la transmisión a los
Árabes.
Los árabes.
Su aporte consiste tanto en la transmisión de los conocimientos adquiridos por la antigüedad griega como en la
sistematización de la descripción de las patologías. Citemos:

-
ISHAQ IBN' IMRAN (
siglo X), autor de una obra consagrada a la "
Melancolía ".

-
IBN.SINA (
Avicenne - siglo XI).

-
IBN.RUSHD (
Averroës - siglo XlI).

Los médicos árabes se preocupan de las
causas de las enfermedades. La inflamación del cerebro, se explica aduciendo
la mezcla de las bilis rete- nidas. Los conceptos antiguos (
frenesí, manía, melancolía) son repetidos, descritos y completados. Se sabe por la traducción de las obras de algunos médicos árabes, que la
edad media cristiana entra en contacto con la
medicina griega. Las cruzadas y las guerras con los
Árabes contribuyen a ello.
La edad media.
Durante toda la
edad media cristiana y después,
existe una percepción religiosa de las enfermedades mentales, en contacto con las mentalida- des populares, va a coexistir con una concepción propiamente médica. La primera explica los
trastornos mentales por una
posesión demoníaca, una manifestación del pecado y la herejía,
envíando a los enfermos a la hoguera. Los médicos se oponen a ello, pero están limitados. Era la opinión común de la muchedumbre y de
ciertos teólogos, decir que los
melancólicos y
maníacos tenían el diablo en el cuerpo, lo que a menudo los enfermos mismos creían y proclamaban. Los que se fiaban de estas
ideas religiosas no buscaban cuidados para su enfermedad en los médicos, sino en los santos famo- sos que han recibido de
Dios el poder de "
echar a los demonios " (
Santiago Despars 1380-1458).

La
edad media declara la
incapacidad civil del
enfermo mental, pero obliga a su familia, si esto es posible, a su cuidado. El
enfermo es a veces encarcelado, y los
extranjeros locos expulsados. Los hospitales comienzan a reservar para los
locos salas especiales. La esperanza del milagro hace organizar peregrinajes especializados. En
Bretaña,
St Méen y
St Colomban (
Locminé) curan a los
locos mediante
una novena (nueve días de devociones). En
Flandes, la acogida de los
enfermos mentales en las familias de
Gheel tiene un tratamiento semejante.
El renacimiento.
Es la prolongación de la
edad media para la medicina. El
renacimiento es sin embargo la época de las guerras y de la urbanización, pero también el principio del vagabundeo y de la mendicidad que van a marcar la época siguiente. Es también el período cuando aparecen algunos grandes médicos humanistas,
Juan Wier (
1515-1588) que se subleva
contra la práctica de la hoguera aplicada sobre los
locos, y
Juan Vives (
1492-1540) quien afirma: “
Otros necesitan ser educados, es de allí para los cuales el encerramiento y las cadenas son necesarios, pero debemos hacerle uso de tal modo que no sean asustados más. En la medida de lo posible, hay que introducir en sus espíritus la tranquilidad, punto de partida de una vuelta fácil del juicio y la razón ".
San Juan de Dios (
1495-1550) merece ser citado para su obra hospitalaria, pero también porque está considerado el santo patrono de los
hospitales psiquiátricos. Desde el siglo
XVl, los indigentes se multiplicaron. Las miserias del tiempo, el paro, la urbanización crean una población errante y siempre creciente. Se trata de un fenómeno que se extiende por toda
Europa. Las ideas de la época no se orientaban hacia la caridad, sino hacia el
encerramiento de los pobres.

En
París, en
1557, se convierte en hospital la leprosería de
San Germán. El
Hospital General de
1656 se convierte en la agrupación de todos los pequeños centros de
París. Entre
4000 y
5000 personas serán ingresadas en la
Salpetriere (
París cuenta ya con
40.000 mendigos). Las grandes ciudades se dotan de hospitales donde la acogida caritativa se enfrenta a la postura de los mendigos válidos y donde se reprime a los marginales. Los
locos también son tratados allí.

Población de la
Salpetriere en
1701:
4.646 personas, de las cuales:
-
1894 son niños de menos de 15 años abandonados.
-
329 son niñas menores de 16 años, lisiadas. tiñosas, etc.
-
594 son ciegos, ancianos o paralíticos.
-
262 son ancianos de más de 70 años.
-
380 son reaccionarios, libertinos o prostitutas.
-
465 son mendigos ordinarios y vagabundos.
-
330 son extremadamente ancianos al borde de la muerte.
-
300 son
locos violentos o inocentes culpados de ello.
-
92 son epilépticos de edades diversas
El fracaso del encerramiento.
Los "
Hospitales Generales " pronto son rellenados por inválidos, y no por estos mendigos válidos a los que se quería encerrar y hacer trabajar. Los hospitales siempre acogerán una pequeña proporción de enfermos, aunque no superior al 5 o al 10 %.
Las casas de fuerza.
Estos locales de corrección, la mayoría de las veces de
comunidades religiosas, acogen, mediante una pensión en los "
correctionnaires ". Los enfermos allí son más numerosos en proporción que en los hospitales generales (20 % más). Algunas de estas casas se especializan, como
Charen- ton o el
Buen Salvador en
Caen.
Las cartas de sello.
Es un acto soberano. La
carta de sello emana de los reyes y son
ordenes de internamiento. Este tipo de colocación "
administrativa " de las personas no supone más que el ingreso en una casa de fuerza sin que está sometido a ninguna formalidad. La
carta de sello debe seguir un procedimiento. La familia redacta un documento de solicitud, y la intendencia actúa... La
carta de sello es también el reflejo de una sociedad donde
la familia es dueña de la libertad de sus miembros, los vigila, los cuida y los interna si fuera necesario. La
Revolución francesa abole las
cartas de sello, pero mantiene a los
locos encerrados. El 90 % de las
cartas de sello fueron presentadas por familias con ánimo de encarcelamiento de sus familiares de los que deseaban deshacerse, más que por
locos.
Los depósitos de mendicidad.
El fracaso relativo de los
hospitales generales y la insuficiencia de las
casas de fuerza traen la creación en el siglo
XVIII de los
depósitos de mendicidad. El encerramiento va a tomar esta vez un carácter severo. Del
1768 al
1789 unas
230.000 personas son enviadas en los
depósitos de mendicidad. Los
enfermos mentales allí son muy minoritarios, pero son los más estables de sus estancias.
Los cuidados y los tratamientos.
Fundamentalmente la iglesia asegura en los siglos
XVII y
XVIII la continuidad en la atención de las personas incapacitadas, donde cabe destacar las
peregrinaciones con fines terapéuticos y milagrosos como el testimonio más evidente de la época. Por el contrario, algunos médicos comienzan una
etapa científica.
Thomás Sydenham (
1624 - 1689, Británico) marca su desacuerdo con la teoría "
uterina " del
histerismo provocada por un desorden de los espíritus animales. Su deducción, muy anticipada a su tiempo, es que el hombre también es susceptible de padecer
histeria, utilizando el
opio como calmante.
William Cullen (
1710 - 1790, Británico) crea en
1769 el término "
neurosis " que designa un conjunto de
afecciones del sentimiento y del movimiento, sin fiebre ni lesiones demostrables. Su obra esencial será traducida en
1785 por
Philippe Pinel.

Calmantes, evacuantes, dieta, sangrías, tónicos (muy a menudo exagerados), lavamientos y baños, son las medicaciones más corrientes en ese momento.
Palomar y
Doblete, en
1785, redactan la "
lnstruction sobre la manera de gobernar los insensatos y de trabajar en los asilos que les son destinados " que es difundida en todo el reino. Millares de
locos son cerrados en
casas de fuerza, sin que ni siquiera se sueñe con administrarles el menor remedio. El
semi-loco es confundido con el que lo es completamente, mientras que se consideraba un
furibundo a un loco tranquilo.

Unos son encadenados, otros libres en su prisión, por al final, a menos que la naturaleza veniera a su socorro y les curase, el plazo de su enfer- medad es el de sus días de vida, y desgraciadamente en esa época, la enfermedad sólo aumenta, en lugar de disminuir. Tan lamentable es el estado de los recursos, hasta este momento, que el estado llega a sensibilizarse de los pobres
locos: “
el grito de la sociedad escuché en su favor, y ya un gran número de asilos se prepara para su alivio, así como el establecimiento de un departamento destinado solo para ellos en cada depósito de mendicidad, nos proponemos tratar allí indistintamente todos los géneros de locuras ".
Esta leyenda figura en el asilo terapéutico del siglo XIX.
José Daquin (
1732 - 1815) expone en
1791 los principios de la actitud medica con respecto al
tratamiento moral: "
quiero por fin que el médico venga con esta filosofía dulce y consoladora, en la que parece hacer algo sin actuar y sin considerar la enfermedad como a un enemigo. Se trata justamente de lo contrario, acariciarle, abrigarle, para así decirlo, como a un amigo y asegurarle así las fuerzas vitales que son las que nombra la naturaleza como suficientes junto con algunas atenciones ligeras, para destruir las causas que parecen querer extinguir el principio de la vida “.
Philippe Pinel (1745 - 1826).
Considerado el
fundador de la psiquiatría en Francia,
Philippe Pinel nació en una familia de médicos, en
Jonquières, cerca de
Castres . Hizo sus estudios clásicos en el colegio de
Lavaur, y luego los religiosos en el de la
Esquille en
Tolosa. Pero pronto dejó la sotana para estudiar medi- cina, también en
Tolosa, donde recibió su acreditación de "
doctor " el
21 de diciembre de 1773, a los
28 años de edad. Desde el año siguiente, partió rumbo a
Montpellier, para perfeccionarse en el arte médico.

Conoció allí a
Chaptal siendo estudiante aún, y estudió la
nosografia de Boissier de Sauvages, además de seguir las enseñanzas de
Barthez. No presentó una nueva tesis, pero sí redactó varias harto mediocres que vendía a estudiantes más ricos pero poco escrupulosos. En
1778 fue a
París con la esperanza de hacer carrera. Pero sus comienzos en la capital fueron bastante modestos: sobrevivió gracias a lecciones particulares de matemá- ticas y la redacción de artículos médicos de circunstancias. Esta actividad de periodista le permitió asumir en
1784, la dirección de la
Gazette de Santé, que le pasó
J. Paulet.

Tradujo
La medicina práctica del escocés
Cullen en
1785, obra que copió ampliamente en su
Instituciones de futura philosephique. En
1788, hizo una nueva edición comentada de las “
Euvres Médicales de Nosographie Baglivi ”. Al principio no ejerció la medicina de clientela. Solo desde
1786 trató a algunos
enfermos mentales en el manicomio del
señor Belhomme sito en la
calle de Charonne y reservado a pacientes de dinero. Como en el antiguo régimen no le fue muy bien que digamos (sus diversos intentos académicos y su anhelo de obtener un cargo de médico de "
Mesdames " las tías del rey
Luis XVI, habían terminado en fracasos) siguió con entusiasmo el movimiento revolucionario de
1789. Sin embargo, se volvió burgués "
moderado " cuando llegó el terror, durante el cual se hizo nombrar, gracias a
Thouret, que lo apreciaba, médico en el
hospicio de Bicêtre.

Desempeñó estos cargos desde el
11 de septiembre de 1793 hasta el
29 de abril de 1795. Fue en el "
séptimo empleo " reservado para los insanos donde observó el trabajo del celador
Pussin y comprendió la importancia del
tratamiento moral en su dimensión institucional. En aquel lugar dantesco, que sirvió de escena al famoso mito de la
liberación de los alienados de sus cadenas, al parecer se contentó con un papel de observa- dor prudente, dejando a su celador las iniciativas terapéuticas y administrativas más numerosas.

Ferviente partidario de la
reacción thermidoriana, siguió su destino triunfal. Nombrado
profesor adjunto de física médica y de higiene en la nueva
Escuela de Salud de París, el
14 de diciembre de 1794, sucedió desde el año siguiente a doublet en la
cátedra de patología interna (médica). Fue, desde el
18 de mayo de 1795,
médico jefe en la Salpêtrière donde prosiguió su carrera hasta su muerte. Miembro del Instituto en
1803, formó parte de la primera hornada de los
condecorados con la Legión de Honor creada por
Napoleón, que en
1805 le nombró "
Médico Consultor del Emperador ".

Sirvió al imperio, y después a la restauración que lo
condecoró con la Orden de Saint Michel en 1818. A pesar de su oportunismo político, fue destituido en
1822 de su cargo de profesor por el ministerio a cargo de
Corbière. Los últimos años de su vida se vieron ensombrecidos por esta destitución y por los despilfarros de sus hijos
Scipion y
Charles, cuyas numerosas deudas pagó. Reblandecimientos cerebrales sucesivos, a partir de
1823, lo sumieron poco a poco en la
demencia arteriopática, de lo que murió el
25 de octubre de 1826.

Ante todo,
Pinel figura en la historia de la medicina como
nosógrafo y
clínico. Desde la primera edición de su “
Nosographie philosophique ou Méthode de l'analyse appliquée a la mèdecine ”, aparecida en
1798, claramente más inspirada por
Cullen que por
Bossier de Sauvages, el médico de la
Salpêtrière basó su clasificación de las enfermedades menos sobre los síntomas que sobre los órganos lesionados. Esta se apoyó en el método analítico aportado por naturalistas como
Linneo,
Daubenton,
Jussieu, y por anatomistas comparados como
Cuvier. Ejerció influencia, quizá exagerada, sobre el desarrollo de la
anatomía patológica, de la que los trabajos de
Xavier Bichat representaron la primera etapa francesa, pues en
Inglaterra Hunter y sus sucesores estaban ya considerablemente adelantados en este campo. Para las "
vesanias " o
enfermedades mentales,
Pinel siguió el orden establecido por
Cullen, resintiendo evidente malestar al hacerla ingresar en la nosografía médica.

Por lo demás, presentó una clasificación muy diferente de las vesanias en su célebre “
Traité mèdico-philosophique sur l'aliénation mentale ”, cuya primera edición (
1801) se centró en torno a la "
manía",
enfermedad mental que para
Pinel fue el modelo más típico y más frecuente. En primer lugar, reconoció que las causas de la alienación eran o bien "
predisponentes " (en gran parte hereditarias) o bien "
ocasionales " (papel importante de los sucesos externos y de las emociones violentas). Pero
Pinel no creyó en la
organogénesis cerebral directa; pensó que las lesiones cerebrales eran graves y que acarreaban trastornos serios en el plano vital, y definitivos.

Mediante el concepto por demás ambiguo de "
simpatía ", considero que los
trastornos mentales eran consecuencia de
afecciones viscerales, provocadas estas, a su vez, por las
emociones y las
pasiones. En cierta manera, se trataba de una teoría periférica de las emociones que prefiguró a las de
James y de
Lange. Los discípulos de
Pinel,
Esquirol y sobre todo
Georget, criticaron esta concepción confusa de una especie de
órgano génesis secundaria. Y es que su maestro se situó, en el plano filosófico, en la encrucijada de un empirismo sensualista heredado de
Condillac, del materialismo por demás simplista de
Cabanis, y de las corrientes espiritualistas, de las cuales el
biranismo representó el resurgimiento, en pleno confusionismo, de la
frenología naciente. Revisada en la segunda edición de su “
Traité médico-philosophique ” (
1809), que ya no llevaba el subtítulo de "
La manía ", su
clasificación de las enfermedades mentales se realizó finalmente en el nivel del comportamiento, yendo desde la perturbación psíquica más ligera hasta la mas grave. De tal modo, comienza por la simple
melancolía o
delirio parcial " dirigido sobre un solo objeto " que antecede a la
manías o
delirio generalizado con su forma particular de "
manía furiosa sin delirio ". Después vienen la
demencia o
debilitamiento intelectual generalizado: "
No hay juicio ni verdadero ni falso; las ideas parecen estar aisladas y en verdad, vienen unas después de otras, pero sin que exista la menor asociación entre ellas... " Por último, tenemos el
idiotismo, grado último de la
vesania, "
abolición total de las funciones del entendimiento ". El
idiotismo que puede ser de nacimiento o adquirido se convertirá ulteriormente en la "
demencia aguda " con
Esquirol, en la "
estupidez " con
Georget y en la "
confusión mental primitiva " con
Chaslin.
Pinel, pragmático antes que nada, ejerció influencia considerable sobre la
organización del tratamiento de los alienados. Aunque haya desarrollado el "
tratamiento moral " ya aplicado por los médicos españoles más concretamente de
Valencia y algunos ingleses, al demostrar que
hay siempre en el alienado trazas de razón que permite restablecer en una especie de alianza terapéutica, el diálogo interrumpido por la locura. Se interesó sobre todo en la reglamentación de la institución hospitalaria psiquiátrica a la que se llamaría "
asilo ".

Se puede comprobar que la segunda edición de “
Traité médico-philosophique ” comprende más de doscientas páginas nuevas dedicadas a exponer su experiencia institucional en
Bicêtre y sobre todo en la
Salpêtrière. Demostró la importancia de las relaciones con el ambiente familiar, el medio, los otros enfermos, en el desencadenamiento, la persistencia, el agravamiento de la enfermedad mental. Hizo hincapié en la disciplina, la
regulación de la vida de los enfermos, su
clasificación rigurosa, el aislamiento de los más peligrosos e insistió en la necesidad de que el médico participase en la admi- nistración hospitalaria.

Los tratamientos medicamentosos tuvieron para él sólo importancia secundaria. El
médico alienista tenía que ser ante todo observador y director que organizase y reformase constantemente la red de relaciones en su servicio. Puede decirse que
Pinel, con tales concepciones, y por intermedio de su discípulo
Esquirol, fue el verdadero precursor de la
formulación de la reglamentación psiquiátrica, que encontró su marco legal definitivo en la ley promulgada en
Francia el
30 de junio de 1838, menos de doce años después de su muerte.
Jean Etienne Dominique Esquirol (1772–1840).
Esquirol desmembró el dominio de la
melancolía, uno de los términos más antiguos del vocabulario médico, en
monomanías y
lypemanías. Se trata de lo que actualmente llamamos "
psicosis delirantes crónicas " y "
depresiones ". El
trastorno del humor se separa finalmente del
juicio.

Nace la
psiquiatría nosografica francesa que perdurará hasta nuestros días. Las "
pasiones " de sus pacientes, dibujados por
Ambrosio Tardieu, son patentes a la visión actual. Inaugura junto a
Pinel la "
Mirada Médica " (Saurí), primer paso de la descripción fenoménica. Por primera vez "
se elevan los alineados a la categoría de hombres " (
Falret). El “
tratado de las enfermedades mentales ” es un resumen de textos, observaciones y detalles completadas con el famoso
Atlas que reúne
25 retratos de pacientes. Un "
histograma " de aspecto muy moderno y un plano de
Charenton (
M. Gourevitch). De
Jean Etienne Dominique Esquirol, el discípulo predilecto de
Pinel, recuerda según
Ackerknecht a
Stendhal. Al igual que este último pensaba que el " c
ientífico escritor " debe ser como un espejo que refleje la maldad y la ignorancia del mundo, pero sin mancharse con el barro del camino que va recorriendo.
Esquirol describe magistralmente en dos de sus 25 láminas de las “
pasiones ” de su pacientes que pasaron a la historia : "
la agitación maníaca ” que él consideraba dentro del campo de las
monomanías, hoy denominado
psicosis en
1838 y la “
lipemania ” también en
1938 denominada
síndrome depresivo. Sin embargo ni
Pinel ni
Esquirol pudieron describir la
demencia precoz. Fue necesario un "
golpe de genio "(
Adolfo Meyer) y ese efecto vino del centro europeo, a través de
Karl L. Kalhbaum,
Edward Hecker y finalmente
Emil Kraepelin. Sin embargo, no escapó a
Esquirol la llamativa transformación de esos jóvenes de espíritu vivo, despierto y aun brillante en cuadros de obtusión y torpeza (
Thomas Willis,1672).