
Llegado el momento de la intervención en
hipnosis clínica, es imprescindible incrementar los niveles de
auto-estima y
auto-concepto rá- pidamente. Una vez logrado esto, una re-estructuración cognitiva de los estímulos erróneos adquiridos durante la fallida impronta filial resulta, en mi opinión, claramente necesaria. Para ello, el modelo
Gestáltico parece según mi criterio, la opción terapéutica más adecuada. Hacer enfrentarse al joven con la realidad práctica del desconocimiento y la cierta incompetencia del comportamiento de sus padres, en el sentido de una falta de inten- cionalidad en el ánimo de perjudicarle, resulta necesario para la comprensión y aceptación de su entorno familiar impidiendo su desarraigo y su percep- ción condicionada de la realidad. La experiencia aplicativa demuestra que la intervención terapéutica en este sentido, resulta eficaz en la desinhibición de su comportamiento, en una relación emocional más equilibrada, comprensiva y en absoluto condicionante de su
auto-estima con su entorno fami- liar. Equilibrado esto, la posibilidad de dependencias tanto farmacológicas como emocionales queda muy reducida. Hemos podido observar también que a largo plazo, no se produce tampoco una repetición en la conducta emocional de pareja en imitación a la de sus progenitores, sino más al contrario, una independencia absoluta de la personalidad con unos criterios objetivos y propios que generan una pauta de conducta absolutamente distintiva, incluso a veces, intencionada y racionalmente diferente. Sin embargo, responsabilizar por completo a la impronta filial de todas las patologías poste- riores del adolescente o incluso del adulto, es bajo mi punto de vista, extremadamente freudiano. Debemos reconocer, que una carencia emocional en el entorno social, o bien en el entorno afectivo, resulta tan condicionante como pueda serlo el desarraigo, por tanto, la probabilidad de la disfuncio- nalidad de la conducta está siempre presente cuando las carencias emotivas hacen acto de presencia. ¿Resultaría esto, igual a reconocer que el ser humano es un mamífero gregario de manada?. Sin duda, sí. El aislamiento social o una inhibición forzada de la emocionalidad no conducen a otra cosa que a la esquizofrenia paranoide, como bien la historia se empeña en demostrarnos. Aunque visto desde el lado positivo (nunca hay que olvidarse de la
auto-estima) los terapéutas seremos siempre un mal necesario, dado que pretender una correctísima impronta de los progenitores, una emo- cionalidad afectiva equilibrada y complementada o un entorno social realizador y cálido, no deja de ser una quimera, en una sociedad como la nuestra donde los valores afectivos y sociales, están casi perdidos.