«De la Suggestion et de ses applications à la thérapeutique» (1888 -1889).

En este libro el doctor
Bernheim, de la escuela de
Nancy, ofrece una admirable introducción al estudio de la
hipnosis, una especialidad que ya no puede ser soslayada por el clínico y que es perfectamente apta para destruir la creencia de que la
hipnosis sigue rodeado de una "
aureola de absurdidad ", como
Meynert sostiene.

El éxito de
Bernheim y de sus colegas de
Nancy que siguen la misma orientación, consiste precisamente en haber librado de su carácter extraño a las manifestaciones de la
hipnosis, vinculándolas con los fenómenos ya familiares de la
vida psíquica normal y del dormir (aunque actualmente se conozca ya que esto último no es cierto).

Según la opinión de muchos historiadoes de la
hipnosis el principal valor de este libro radica en las pruebas que ofrece sobre las relaciones entre los fenómenos de la
hipnosis y los procesos habituales de la vigilia y del sueño, revelando al mismo tiempo las leyes psicológicas que rigen en ambos sectores (aunque viéndolo desde su perspectiva histórica, dado que estas leyes se encontrarían un tanto obsoletas hoy día). De tal manera, el pro- blema de la
hipnosis es
trasladado íntegramente a la esfera de la psicología, y la "
sugestión " queda establecida como núcleo de la
hipnosis y como
clave para su comprensión. Además, en los últimos capítulos se reseña la importancia de la
sugestión en sectores ajenos al de la
hipnosis.

En la segunda parte de este libro se demuestra que el uso de la
sugestión en
hipnosis dota al clínico con un poderoso método terapéutico, que parece ser, en efecto, el más adecuado para combatir muchos
trastornos de la conducta y el más adaptado a su mecanismo. Con ello, el presente volumen adquiere una
extraordinaria relevancia histórica. Su insistencia en el hecho de que tanto la
hipnosis como la
sugestión hipnótica pueden ser aplicadas, no sólo en casos de
histeria y en los
neurópatas graves (modo de conceptuar antiguamente los trastornos de la personalidad y la con- ducta), sino también en la mayoría de las personas sanas, está destinada a extender el interés del clínico por este método terapéutico mucho más allá del
restringido círculo de los neuropatólogos.

La
hipnosis ha tenido la recepción más desfavorable que se pueda imaginar entre las "
luminarias de la profesión médica alemana ", salvo escasas excepciones, como
Krafft-Ebing y
Forel, entre otros. No obstante, es lícito aventurarse a expresar que el anhelo de que los clínicos alemanes dedicasen su atención a esta
técnica terapéutica, recordando su "
modus operandi " que siempre estableció que en el campo de la
psiquiatría sólo la experiencia, y nunca la
autoridad sin experiencia de la época, puede pronunciar el veredicto final, sea éste en favor o en contra. Así, las objeciones que hasta ahora se hicieron oír en
Alemania contra el estudio y la aplicación de la
hipnosis, sólo son atendibles en virtud del renombre de sus autores, de modo que al profesor
Forel le ha resultado fácil refutar en su breve trabajo una multitud de tales objeciones.

No es necesario remontarse al siglo
XIX, todavía en
1890, la opinión dominante en
Alemania era de duda en cuanto a la realidad de los fenómenos de la
hipnosis, explicando los hechos respectivos por una combinación de credulidad por parte del observador, con simulación por parte de los sujetos sometidos a tales experiencias. Tal posición no se mantubo, gracias a los trabajos de
Heidenhain y
Charcot, por nombrar sólo a los más famosos entre quienes profesanban su postura de defensa en la realidad de la
hipnosis. Aun los más violentos de sus opositores se han per- catadon de ello, y como consecuencia de ello empezaron a incluir en sus publicaciones intentos de explicar la
hipnosis, reconociendo así, de hecho, la existencia de los respectivos fenómenos, a pesar de que traducen todavía su evidente propensión a negar la realidad de aquélla.

Otro punto de vista hostil hacia la
hipnosis era la condena como
peligrosa para la salud mental del sujeto, endilgándole el epíteto de una "
psicosis experimentalmente provocada ". La demostración de que la
hipnosis podía llevar a consecuencias nocivas en casos aislados no contradecía su utilidad general, como, por ejemplo, la ocurrencia de que casos aislados de muerte en la
narcosis por cloroformo pudiesen excluir su aplicación en la
anestesia quirúrgica en general. Es muy notable, sin embargo, que esta analogía no sea susceptible de extensión, pues el mayor número de accidentes en la narcosis por cloroformo afecta a aquellos cirujanos que realizan el mayor número de operaciones mientras que la mayoría de los informes sobre las consecuencias nocivas de la
hipnosis proceden de aquellos observadores
que menos práctica han tenido con ella, mientras que todos los investi- gadores que disponen de una larga experiencia son unánimes en cuanto a la innocuidad de este procedimiento. Por tanto, para evitar los efectos deletéreos de la
hipnosis probablemente sólo sea preciso aplicarla en forma cautelosa, con suficiente aplomo y seguridad, y en casos adecua- damente seleccionados. Cabe agregar
que nada se gana con llamar a las sugestiones "
ideas compulsivas ", y a la
hipnosis, "
una psicosis experi- mental. Es más probable que las ideas compulsivas puedan ser aclaradas por su comparación con las sugestiones que recíprocamente, y quien se asuste ante el epíteto de "
psicosis " bien puede preguntarse si nuestro natural fenómeno del dormir no posee por lo menos los mismos títulos para tal calificación, si es que algo se gana siquiera con la aplicación de términos técnicos fuera de su propia esfera. No; de este sector no le amenaza a la causa de la
hipnosis peligro alguno, y en cuanto un número suficiente de clínicos estén en condiciones de comunicar observaciones tales como las contenidas en la segunda parte del libro de
Bernheim, podrá darse por establecido el hecho de que la
hipnosis es una condición innocua, y su in- ducción, un procedimiento "
digno " de todo clínico.

En el libro se plantea también otra cuestión que actualmente divide a los partidarios de la
hipnosis en dos campos opuestos. Los unos, cuyas opiniones son propugnadas aquí por el doctor
Bernheim, sostienen que todos los fenómenos de la
hipnosis reconocen el mismo origen; es decir, que proceden de una sugestión, de una representación consciente infundida en el cerebro de la persona hipnotizada por una influencia exterior y aceptada por aquélla como si hubiese surgido espontáneamente. De acuerdo con esta concepción, todas las manifestaciones hipnóticas serían, pues, fenómenos psíquicos,
efectos de la sugestión. El otro partido, por el contrario, insiste en que por lo menos una parte de las manifestaciones de la
hipnosis se fundan en
alteraciones fisiológicas; es decir, en desplazamientos de la excitabilidad en el sistema nervioso, sin participación alguna de a- quellos sectores del encéfalo cuya actividad entraña la consciencia, de modo que prefieren hablar de "
fenómenos fisiológicos de la hipnosis ".

El tema principal de esta controversia es el
grande hypnotisme, o sea el conjunto de fenómenos descrito por
Charcot en sujetos histéricos
hipnotizados. A diferencia de las personas normales
hipnotizadas, dichos casos histéricos exhibirían tres niveles de
hipnosis, cada uno de los cuales se distingue por determinados signos físicos muy particulares, como la enorme
hiperexcitabilidad neuromuscular,
las contracturas sonambúlicas, etc.

Se comprenderá fácilmente cuánta importancia tiene la citada controversia conceptual para este conjunto de hechos. Si los partidarios de la teoría de la sugestión están en lo cierto, todas las observaciones efectuadas en la
Salpêtriére son inválidas y aún se convierten en errores de obser- vación. La
hipnosis de las histéricas no tendría entonces ninguna característica propia, y cualquier clínico podría producir a su gusto una sintoma- tología cualquiera en sus pacientes hipnotizados. El estudio del
grande hypnotisme no nos enseñaría qué alteraciones de la excitabilidad se suceden en el sistema nervioso de los casos histéricos como consecuencia de determinados estímulos aplicados; sólo averiguaríamos qué intenciones sugirió
Charcot a sus sujetos de experiencia, en una forma inconsciente para él mismo, y esto sería absolutamente indiferente para nuestra comprensión de la
hipnosis tanto como de la histeria.

Es fácil advertir a dónde conducen las implicaciones de esta concepción y cuán conveniente explicación nos ofrece para la sintomatología de la histeria en general. Si la sugestión por el clínico falsea los fenómenos de la
hipnosis histérica, es muy posible que también interfiera en la observación de la restante sintomatología histérica; es decir, que establezca para los ataques, las parálisis, las contracturas histéricas, etc., ciertas leyes cuyo único y exclusivo vínculo con la neurosis radica en dicha
sugestión y que, por tanto, carecerán de todo valor en cuanto otro clínico observe casos his- téricos en otro lugar. Esta conclusión debe ser deducida con todo rigor y en efecto, ya ha sido sustentada.
Hückel ha expresado su convicción de que el
primer transfer (transferencia de la sensibilidad de una parte del cuerpo a la parte homóloga del lado opuesto) manifestado por una histérica le había sido sugerido en cierta ocasión histórica, y que desde entonces los clínicos han seguido reproduciendo constantemente, por medio de la
su- gestión, este síntoma pretendidamente fisiológico.

Esta concepción será muy bien venida para todos aquellos que tienden a negar que los fenómenos histéricos están gobernados por leyes, opinión que durante mucho tiempo predominó en
Alemania. He aquí un flagrante ejemplo de cómo el descuido del factor psíquico de la
sugestión indujo a un gran observador al error de crear un tipo clínico falso y artificial, gracias al carácter caprichoso y fácilmente maleable de una neurosis.

Sin embargo, no es difícil demostrar en detalle la objetividad de la
sintomatología histérica. Las críticas de
Bernheim bien pueden estar plenamente justificadas frente a investigaciones como las de
Binet y
Féré; en todo caso, harán sentir su importancia por el hecho de que en toda investigación futura de la histeria y de la
hipnosis se tendrá más en cuenta la necesidad de excluir el factor de la
sugestión. Los elementos principales de la sintomatología histérica, empero, se hallan a salvo de toda sospecha de haber sido originados por la sugestión del clínico. En efecto, informes procedentes de tiempos pasados y de países remotos, que
Charcot y sus discípulos han recopilado; ya no dejan lugar a duda de que las particula- ridades de los ataques histéricos, de las
zonas histerógenas, de las anestesias,
las parálisis y las
contracturas, se han manifestado en todas partes y en todas las épocas tal como se presentaron en la
Salpêtriére, cuando
Charcot realizó allí sus memorables investigaciones sobre esa
magna neu- rosis.

Precisamente el
transfert, que parece prestarse tan fácilmente para demostrar el origen sugestivo de los
síntomas histéricos, es sin lugar a dudas un proceso genuino. Es dable observarlo en casos de histeria que no han sido influidos en modo alguno, pues a menudo se observan pacientes cuya
hemianestesia, típica en todo sentido, deja indemne un órgano o una extremidad que en el lado insensible del cuerpo conserva su sensibilidad, mientras que la zona correspondiente del lado indemne se ha tornado anestésica. Además, el
transfert es un fenómeno fisiológicamente explicable, pues, como lo han demostrado las investigaciones realizadas en
Alemania y en
Francia, constituye meramente la exageración de una relación que existe normalmente entre las partes simétricas del cuerpo, o sea que en forma rudimentaria puede ser producido también en personas normales. Otros muchos trastornos histéricos de la sensibilidad arraigan asimismo en relaciones fisiológicas normales, como tan elegantemente lo han demostrado las investigaciones de
Urbantschitsch. No es ésta la oportunidad adecuada para justificar detalladamente toda la sintomatología de la histeria, pero podemos dar por establecido que en lo esencial es de índole real y objetiva y que no es falseada por la sugestión emanada del observador. Esto no implica negar en modo alguno que el mecanismo de las manifestaciones histéricas sea psíquico, pero dicho mecanismo no es el de la sugestión por parte del clínico.

Con la demostración de que en la histeria intervienen fenómenos fisiológicos objetivos, ya no es necesario renunciar a la posibilidad de que el "
gran " hipnotismo histérico presente manifestaciones que no obedecen a la sugestión por parte del observador. La demostración de su ocurrencia real ha de quedar librada a una futura investigación especialmente destinada a este fin. Por consiguiente, la escuela de la
Salpêtriére deberá probar que las tres fases de la
hipnosis histérica pueden ser inequívocamente demostradas, aun en un sujeto recién ingresado y manteniendo el investigador la mayor escrupulosidad en su conducta frente al mismo. No cabe duda de que tal demostración será accesible a corto plazo, pues ya ahora la descripción del
grande hypnotisme contiene síntomas decididamente reacios a una concepción psicológica. Me refiero al aumento de la excitabilidad neuromuscular durante la fase letárgica. Quien haya tenido oportunidad de observar cómo durante la letargia una suave presión sobre un músculo -
aunque sólo se trate de un músculo facial o de uno de los tres músculos externos del pabellón auricular, que nunca son contraídos en vida - precipita en contracción tónica todo el fascículo afectado por la compresión, o cómo la presión sobre un nervio superficial revela su distribución terminal: todo el que haya visto esto se verá forzado a admitir que dicho efecto debe ser atribuido a razones fisiológicas o a un entrenamiento deliberado, y no vacilará en excluir como causa posible toda
sugestión no intencionada. La
sugestión, en efecto, no puede producir nada que no se halle ya entre los conte- nidos de la consciencia o que no haya sido introducido en ella. Nuestra consciencia, empero, sólo conoce el resultado final de un movimiento, y nada sabe de la acción o la disposición de cada músculo interviniente, ni de la distribución anatómica de los nervios relacionados son aquéllos.

En un trabajo que ha de aparecer en breve se demostrará que la caracterización de las parálisis histéricas depende de este hecho y que ése es el motivo por el cual la histeria no presenta parálisis de músculos aislados, ni parálisis periféricas, ni parálisis faciales centrales. El doctor
Bernheim no debía haber dejado de producir el fenómeno de la
hyperexcitabilité neuromusculaire, omisión que constituye una sensible brecha de su argumentación en contra de las tres fases.

Existen, pues, fenómenos fisiológicos, por lo menos en
el gran hipnotismo histérico; pero en el
pequeño hipnotismo normal, que, como
Bernheim insiste con razón, es más importante para nuestra comprensión del problema, todas las manifestaciones obedecerían a la
sugestión, se producirían por medios psíquicos. Aun el mismo sueño hipnótico sería una consecuencia de la
sugestión, apareciendo merced a la sugestibilidad normal del ser humano, cuando
Bernheim suscita la expectación del dormir. En otras ocasiones, sin embargo, el mecanismo del
sueño hipnótico parecería ser distinto. Todo el que haya hipnotizado asiduamente se habrá encontrado con sujetos que sólo difícilmente pueden ser dormidos por medio de la palabra, mientras que responden con facilidad si se les hace fijar la vista durante cierto tiempo. Más aún:
¿quién no ha tenido la experiencia del paciente que cae en sueño hipnótico sin que se lo quiera hipnotizar y sin que poseyera evidentemente, la menor concepción previa de la hipnosis? Así, una enferma toma asien- to para someterse a un examen oftalmológico o a una laringoscopia, no teniendo el clínico ni la paciente la menor expectación del sueño hipnótico; no obstante, apenas cae sobre sus ojos el reflejo de la lámpara, aquélla se duerme y, quizá por vez primera en su vida, se encuentra hipnotizada. Es evidente que en tal caso cabe excluir la intervención de todo nexo psíquico consciente. Nuestro sueño natural, que
Bernheim ha comparado tan acertadamente con la
hipnosis, muestra análogas reacciones. Por lo general, nos provocamos el sueño por medio de la
sugestión, mediante una preparación y expectación psíquica del mismo pero en ocasiones nos domina sin el menor esfuerzo por nuestra parte, como consecuencia del estado fisiológico de la fatiga.

Cuando se mece a un niño para dormirlo o se hipnotiza a un animal manteniéndolo inmovilizado, tampoco sería lícito invocar una causación mental. Llegamos así al punto de vista que
Preyer y
Binswanger han adoptado en la
Realenzyklopädie de
Eulenburg: hay en la
hipnosis fenómenos psíquicos tanto como fisiológicos, y la
hipnosis misma puede ser provocada de una o de otra manera.

Hasta en la propia descripción que
Bernheim ha dado de su
hipnosis es inconfundible la intervención de un factor objetivo independiente de la sugestión. Si no fuera así, la
hipnosis sería distinta, de acuerdo con la individualidad de cada experimentador, como lógicamente lo ha señalado
Jendrássik; sería imposible comprender
por qué el aumento de la sugestibilidad sigue siempre una secuencia regular, por qué la musculatura única- mente puede ser influida en el sentido de la catalepsia, y así sucesivamente.

Debemos dar la razón a
Bernheim, empero, en cuanto a que la división de los fenómenos hipnóticos en fisiológicos y psíquicos despierta en nosotros una impresión harto insatisfactoria y exige urgentemente un lazo de conexión entre ambas series. La
hipnosis, sea producida de una o de otra manera, es siempre una y la misma y presenta idénticas manifestaciones.

La sintomatología de la histeria insinúa en múltiples sentidos un mecanismo psicológico, aunque no es preciso que éste sea el de la
sugestión. Fi- nalmente, el problema de la
sugestión es mucho menos dificultoso que el de las correlaciones fisiológicas, ya que su modo de acción es indudable y relativamente claro, mientras que nada sabemos acerca de las influencias mutuas de la excitabilidad nerviosa a las cuales deben reducirse los fenómenos fisiológicos. En las siguientes consideraciones espero poder exponer someramente el tan buscado nexo entre los fenómenos psíquicos y los fisiológicos de la
hipnosis.

En mi opinión, el empleo inconstante y ambiguo del término "
sugestión " confiere a dicha antítesis una agudeza que no posee en realidad. Merece la pena analizar qué puede considerarse, legítimamente, como "
sugestión ". Es evidente que dicho término entraña alguna especie de influjo psíquico, y me inclino a opinar que la
sugestión se distingue de las demás formas de influencia psíquica, como la orden, la comunicación o la instrucción, entre otras, porque en su caso se despierta en un cerebro ajeno una representación que no es examinada en cuanto a su origen, sino que es aceptada como si hubiese surgido espontáneamente en dicho cerebro. Un ejemplo clásico de tal
sugestión lo tendríamos cuando el clínico dice a un sujeto hipnotizado: "
Su brazo debe quedar en la posición en que yo lo coloco ", apareciendo a continuación el fenómeno de la
catalepsia; o bien cuando el clínico vuelve a levantar el brazo del sujeto cada vez que éste lo deja caer, hasta que aquél adivina que quiere verle levantado. En otras ocasiones, empero, hablamos de sugestión cuando el mecanismo de origen es evidentemente distinto.

Así, por ejemplo,
en muchos sujetos hipnotizados aparece la catalepsia sin la menor orden previa: el brazo levantado permanece así espontá- neamente, o el sujeto hipnotizado conserva la posición en la cual fue dormido, a menos que se intervenga en sentido contrario.
Bernheim también llama "
sugestión " a este fenómeno, declarando que la posición se sugeriría a sí misma su propio mantenimiento; pero en este caso la parte desem- peñada por el estímulo exterior es evidentemente menor, y la del estado fisiológico del sujeto mismo, que coarta todo impulso al cambio de posición, indudablemente mayor que en los casos anteriores. La diferencia entre una
sugestión directa (psíquica) y una
indirecta (fisiológica) quizá se advierta más claramente en el siguiente ejemplo. Si le digo a un sujeto hipnotizado: "
Su brazo derecho está paralizado; no puede moverlo ", estoy impartiendo una
sugestión psíquica directa. En lugar de ello,
Charcot aplica un leve golpe sobre el brazo del hipnotizado (
y el sujeto queda incapacitado para moverlo) o le dice: "
¡Mire esa cara tan horrible; golpéela! ", y el sujeto la golpea, dejando caer luego el brazo, paralizado. (
Leçons du Mardi a la Salêtrière, tomo I, 188-1888.) En estos dos casos, el estímulo exterior ha comenzado por producir en el brazo una sensación de agotamiento doloroso, la cual sugiere a su vez la parálisis, espontánea e independientemente de toda intervención del clínico, si es que en estas condiciones puede hablarse aún de "
sugestión ". En otras palabras, no se trata, en estos casos, de
sugestión, sino más bien de una
estimulación a autosugestiones, las cuales, como fácilmente se advierte, entrañan un factor objetivo, independiente de la voluntad del clínico, y revelan una conexión entre diversos estados de inervación o de excitación en el sistema nervioso.

Es a causa de tales
autosugestiones que se originan las parálisis histéricas espontáneas, y la tendencia a las mismas es mucho más característica de la histeria que la sugestibilidad por el clínico, con la cual aquélla no parece guardar paralelo alguno. No es necesario destacar que
Bernheim recurre con la mayor asiduidad a tales
sugestiones indirectas; es decir, a estimulaciones de la
autosugestión. Su método para inducir el sueño, tal como lo describe en las primeras páginas de este libro, es esencialmente un método mixto; es decir, la sugestión abre de golpe las puertas que para la autosugestión se abrirían lentamente por sí mismas.

Las
sugestiones indirectas, en las cuales una serie de eslabones intermedios surgidos de la propia actividad del sujeto se insertan entre el
estímulo exterior y el resultado, siguen siendo, a pesar de todo, procesos psíquicos, pero ya no se hallan expuestas a la plena luz de la consciencia, que ilu- mina, en cambio, las
sugestiones directas. En efecto, estamos mucho más acostumbrados a concentrar nuestra atención en las percepciones exte- riores que en los procesos internos. Por tanto, las
sugestiones o
autosugestiones indirectas pueden ser calificadas como fenómenos fisiológicos no menos que psíquicos, y el término "
sugestión " adquiere el mismo significado que la provocación recíproca de estados psíquicos, de acuerdo con las leyes de la asociación. La oclusión de los ojos lleva al sueño porque está vinculada a la representación del sueño, como una de sus más constantes manifestaciones acompañantes:
una de las partes de los fenómenos del sueño sugiere los demás fenómenos que integran la manifestación total del sueño.

Este proceso de vinculación radica en la disposición misma del sistema nervioso, y no en el arbitrio del clínico; no puede ocurrir, a menos que se funde en alteraciones de la excitabilidad de las partes respectivas del cerebro, en la inervación de los centros vasomotores, etc., y presenta así una faz psicológica a la vez que una fisiológica.

Como es el caso con cualquier otra conexión entre estados del sistema nervioso, también ésta puede desarrollarse en ambas direcciones. La representación de dormir puede llevar a sensaciones de fatiga en los ojos y en los músculos, y a un estado correspondiente de los
centros vasomo- tores; en otras ocasiones, el estado de la musculatura o un
estímulo que actúe sobre los
nervios vasomotores pueden, de por sí, despertar al durmiente, y así sucesivamente. Sólo cabe decir que sería tan unilateral considerar únicamente la faceta psicológica del proceso como atribuir a la inervación vascular toda la responsabilidad de los fenómenos de la
hipnosis.
¿Cómo afecta todo esto la antítesis entre los fenómenos psíquicos y los fisiológicos de la hipnosis? Aquélla podía ser significativa mientras se concibiese la
sugestión como una influencia psíquica directa ejercida por el clínico, que a su gusto podía imponer cualquier sintomatología al sujeto hipnotizado; pero dicha antítesis pierde su significado en cuanto se reconoce que aun la
sugestión sólo puede desencadenar series de manifestaciones que están basadas en las particularidades funcionales del sistema nervioso del sujeto, y que en la
hipnosis se hacen sentir también otras caracte- rísticas del sistema nervioso, además de la
sugestibilidad. Aún cabría preguntar si todos los fenómenos de la
hipnosis deben pasar en algún punto a través de la esfera psíquica, o sea si los cambios de excitabilidad que ocurren en la
hipnosis siempre afectan únicamente la
corteza cerebral, pues éste es el único sentido que dicha pregunta admite. Al verterla así en otros términos parecería que ya hubiésemos decidido su respuesta.

En efecto, no hay justificación alguna para establecer tal contraste entre la
corteza cerebral y el resto del
sistema nervioso: es improbable que una modificación funcional tan profunda de la
corteza cerebral no sea acompañada por importantes alteraciones de la excitabilidad en las demás par- tes del
encéfalo. No poseemos ningún criterio que nos permita discernir exactamente un proceso psíquico de otro fisiológico, un acto que ocurre en la
corteza cerebral de otro que tiene lugar en los
centros subcorticales, pues la "
consciencia ", sea ésta lo que fuere, no forma parte de todas las actividades de la
corteza cerebral ni corresponde a cualquiera de ellas siempre en igual medida; no es una cosa vinculada a ninguna localización particular en el
sistema nervioso. Por consiguiente, la cuestión de si la
hipnosis exhibe fenómenos psíquicos o fenómenos fisiológicos debe ser rechazada en estos términos generales, subordinando la decisión a una investigación particular para cada fenómeno individual.

En este sentido la obra de
Bernheim, aunque, por un lado, trasciende el campo de la
hipnosis, deja, por el otro, una parte del tema fuera de consideración. Cabe esperar, sin embargo, que también los lectores alemanes de la obra de
Bernheim tengan ahora la oportunidad de reconocer cuán instructiva y valiosa es la contribución de dicho autor al describir la
hipnosis desde el punto de vista de la
sugestión.
