Potenciales evocados e hipnosis clínica.
Los potenciales evocados (
PE) son cambios transitorios de potencial registrados por electrodos exter- nos en respuesta a un estímulo sensorial. Es decir, muestran la evolución
E.E.G. en relación con estímulos particulares. La forma de hacerlo es la siguiente: Durante un
E.E.G. contínuo se le presenta a un sujeto u- na imágen o un sonido determinados, cierto número de veces. Se delimita luego el
E.E.G. en el medio se- gundo que precede a la presentación del estímulo y se halla el termino medio de todos los resultados obte- nidos con las presentaciones del estímulo, consiguiendóse así la respuesta cerebral a ese estímulo parti- cular reduciendo además al máximo los factores aleatorios que pueden haber interferido.

La onda en los
PE se describe en función de sus picos, positivos (
P) o negativos (
N) y en función del tiempo transcurrido desde la presentación del estímulo y su aparición. Así una onda
P300 es un pico de potencial evocado en la dirección positiva que ocurre 300 milisegundos después de la presentación del es- tímulo y una onda
N1 es un pico de potencial evocado en la dirección negativa que ocurre 100 milisegun- dos después de la presentación del estímulo.

Los
potenciales evocados reflejan el procesamiento cerebral de los estímulos cognitivos, emociona- les y sensoriales. Así, se ha comprobado que, cuando los sujetos prestan atención a los estímulos, apa- recen componentes
P1 y
N1 mayores que cuando no lo hacen. En la investigación con
hipnosis, se ha recurrido a los potenciales evocados para reflejar el procesamiento sensorial de las alucinaciones visuales y del dolor.

A este respecto,
David Spiegel y su grupo, de la
Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, encontraron en
1985 que los individuos normales altamente hipnotizables producian reduc- ciones significativas en la amplitud de los componentes
P1 y
P3 de los
potenciales evocados visuales en respuesta a sugestiones con
hipnosis de una alucinación obstructiva que bloqueaba al sujeto la visión del estímulo. Otros grupos, el de la
Dra. Crawford en
2001 y el de
William Ray de la
Universidad Estatal de Pennsylvania en
2002 han puesto de relieve en sendos estudios sobre el dolor que los pro- cesos de
hipnosis modifican los componentes tardíos de los
potenciales evocados (los que aparecen después de
100 milisegundos tras un estímulo), los cuales refleja el procesamiento emocional del dolor, más que los componentes precoces, que reflejan a su vez los aspectos sensoriales del estímulo.

En un reciente estudio aparecido en
2004 de
Pascalis y su equipo se han apoyado en la amplitud de las ondas
P3, en conexión con las respuestas de la conductancia dérmica (
RCD), para valorar las estra- tegias de mitigación del dolor seguidas durante la
hipnosis, lo que pone de manifiesto la utilidad actual de la investigación con los
potenciales evocados.

El
E.E.G. y los
PE son sumamente útiles para determinar el lapso temporal de una respuesta, porque reflejan cambios en la actividad electríca de la corteza que ocurre en milisegundos. Tales mediciones ad- quieren particular interés cuando nos hacemos preguntas sobre la resolución temporal, pero son bastante menos significativas en las cuestiones de resolución espacial, es decir, cuando queremos conocer en qué parte del cerebro se origina la actividad que estamos midiendo en el cuero cabelludo.

En otras palabras, que sepamos dónde tiene lugar la actividad
E.E.G. a nivel de cuero cabelludo no nos proporciona ninguna certeza a cerca de la zona cerebral en que se origina dicha actividad. La razón es sencilla: Existen varias posibles distribuciones de la actividad cortical que nos pueden dar un mismo patrón
E.E.G. La actividad electríca no se mueve uniformemente por el cerebro y, además, el espesor del cráneo puede también repercutir en la forma en que se distribuye por el cuero cabelludo la actividad eléctrica del cerebro.

Estos problemas no hacen del
E.E.G. y los
potenciales evocados los medios de elección si nos inte- resan cuestiones estructurales o de localización. En estos casos, es preferible recurrir a otras técnicas, como la
tomografía por emisión de positrones o la
resonancia magnética funcional.
Tomografía por emisión de positrones en la hipnosis clínica.
Comenzada en la década de los
70, las técnicas de la
T.E.P. mide las variaciones en el flujo sanguíneo que muestran las áreas del cerebro que se encuentran más o menos activas mientras se desempeñan ta- reas específicas. La prueba se realiza tras la inyección en el torrente sangúineo de una pequeña cantidad de isótopo radiactivo o trazadores. Estos trazadores permiten calcular el flujo sangúineo que afluye a las distintas estructuras cerebrales y medir así su actividad: Cuando una región cerebral se activa, se incre- menta el flujo sangúineo regional. El resultado de estos cálculos es un mapa tridimensional con diferentes colores que representan los niveles de actividad cerebral en las distintas tareas.

Hay que tener en cuenta que los inconvenientes de la
T.E.P., a parte de su eleveado coste, se en- cuentra el hecho de que, debido a los riesgos inherentes a la exposición a trazadores radiactivos, los vo- luntarios no pueden participar en más de un estudio por año, lo que es un limitación para el estudio de la eficacia de los tratamientos mediante
hipnosis clínica.

Han sido principalmente tres laboratorios los que, de manera separada, han utilizado de manera pionera la
T.E.P. en la investigación con
hipnosis clínica. El primero fué el de
Szechtman de la
Uni- versidad de McMaster de Ontario. Este grupo utilizó la
T.E.P. en
1998 con los sujetos en
4 condi- ciones:
1) En reposo. Mientras escuchaban un mensaje grabado que decía:
El hombre no hablaba a me- nudo, pero cuando lo hacía merecía la pena escuchar lo que decía; mientras imaginaban este mismo mensaje; y mientras alucinaban la voz tras haberles dicho que iba a sonar la cinta, sin hacerlo real- mente. La
T.E.P. mostró que la corteza cingulada anterior derecha se activaba cuando los sujetos oían re- almente la voz grabada y cuando la alucinaban, pero no intervenía cuando los sujetos la imaginaban, lo que parece indicar que los cerebros de los probandos reconocieron como real la voz alucinada.
2) El segundo laboratorio fué el de
Pierre Rainville y todos sus colaboradores de la
Universidad de Montreal. Este grupo se apoyó en la
T.E.P. en
1997 (hay trabajos suyos de
2002 que siguen pro- fundizando en esa línea) para valorar el alivio del dolor bajo
hipnosis. Se hicieron así escáneres
T.E.P. a voluntarios en inducción bajo
hipnosis cuyas manos se sumergieron en agua dolorosamente caliente (
La ESHC les ofrece otro video sobre este trabajo en esta sección de videos). La corteza soma- tosensora, que procesa los estímulos dolorosos, no mostró diferencia significativas cuando se ofrecían su- gestiones de que el agua les resultaría dolorosa o de que les resultaría ligeramente desagradable. Pero la corteza cingulada anterior, un área que es mucho más activa con el dolor, mostró una actividad harto me- nos intensa cuando se proporcionaban sugestiones de que el agua iba a resultarles sólo ligeramente desa- gradable.
3) El tercer laboratorio encabezado por
Stephen Kosslyn de la
Universidad de Harward realizó un estudio en
2000 para comprobar si podían aplicar la
hipnosis para modular la percepción del calor. A los probandos, elegidos por su alta susceptibilidad en
hipnosis, les fué mostrada una serie de dibujos, unos con colores, y otros con una escala de grises, tanto en estado vigil como bajo
hipnosis. Se veía así que los estímulos cromáticos, se procesan en áreas cerebrales distintas de las que intervenían en los gri- ses. Los investigadores sugirieron a continuación a los sujetos que visualizaran cada imagen mostrada co- mo si fuera en color o en blanco y negro, mientras la
T.E.P. medía su actividad cerebral. Cuando los suje- tos estaban en
hipnosis, las áreas de color del cerebro mostraban una actividad menos intensa si se les sugería que viesen los colores como grises; e, igualmente, las áreas de color cerebrales estaban más acti- vas si se les sugería que alucinaran los estímulos grises como coloreados. Las áreas cerebrales de la per- cepción cromática se activaban en ambos hemisferios con los sujetos bajo
hipnosis, cuando el estímulo fuera sólo gris, al igual que cuando los sujetos en estado vigil tenían realmente delante los estímulos de colores. Pero cuando los sujetos ya fuera de la
hipnosis, se les decía que imaginasen los colores ante un estímulo de grises, sólo el hemisferio derecho permanecía activo.
