El Mesmerismo.
Es a partir del siglo
XVIII cuando comienza a ser utilizada de forma abierta, a raíz del descubrimiento del "
magnetismo animal ", por el suizo
Franz Anton Mesmer. Este hombre utilizaba varios métodos de curación "
magnética ", uno de ellos consistía en una gran
cubeta de madera con una barra metálica central en posición vertical, y llena de agua. En ella introducía a varios pacientes unidos por sus manos y en contacto con el metal, mientras un coro de niños cantaba música religiosa y se oían campanas. Evidentemente este método tenía mucho más de misterioso que de efectista, pero hay que decir que
Mesmer curó así a mucha gente. Sus hazañas
médico-esotéricas fueron investigadas por la
Academia de medicina de
París, que llegó a reconocer muchas de estas curaciones.
Franz Anton Mesmer, nacido en
1734 en
Weiller,
Alemania, lee En
1766 su tesis doctoral de medicina en la
Universidad de Viena sobre la influencia de los planetas en el cuerpo humano. En esta tesis quería demostrar la existencia de un
fluído sutil procedente del cosmos que penetraba en todos los cuerpos y llenaba el universo (
teoría muy parecida a la del prana hindú). A esta supuesta fuerza le dió el nombre de "
magnetismo animal ", con la finalidad de asociarlo con la
fuerza de los imanes. Su intención era demostrar que el cosmos, las estrellas y los planetas ejercían una gran influencia sobre nuestra salud. También investigó mucho sobre la
utilización terapéutica de los imanes.

En
1773 consiguió su primer gran éxito, al curar a una chica con convulsiones
aplicándole unos imanes sobre el estómago y los muslos. Su trata- miento sobre la
parálisis del
Profesor Ossterwald (Presidente de la
Academia de Ciencias de Munich, y sus querellas con un jesuita,
Hell, que le acusaba de
plagiar su forma de tratamiento, empezaron a darle fama y reputación. Poco a poco llegó a la conclusión de que los
imanes sobraban y que simplemente con la
imposición de manos era suficiente como para transmitir el "
fluído ". En
1775 escribió "
Carta a un médico extranjero " en la que explicaba sus curaciones.

Sus colegas médicos comenzaron a enfrentarse con él de forma muy hostil, sobre todo cuando estalló el escándalo de la
Srta. Paradies, pianista particular de la
Emperatriz María Teresa, a la que trataba de
ceguera en su clínica vienesa. Hay dos versiones sobre lo que ocurrió. La primera dice que la convirtió en su amante una vez curada y que cuando su padre fue a buscarla se produjo un altercado que acabó en duelo, lo cual cegó de nuevo a la muchacha. La segunda versión dice que, una vez curada, fue rechazada por la
Emperatriz, ya que decía que no tocaba el piano como antes, con lo que, por el disgusto, le volvió la ceguera. En cualquier caso, está claro, que la damisela sufría de una
ceguera histérica.

Este escándalo hizo que
Mesmer tuviera que abandonar
Viena y trasladarse a
París. Se estableció en lo que actualmente es el numero
16 de la Plaza Vendôme y su éxito fue inmediato, por lo que su clientela aumentó de tal manera que tuvo que pensar en algún sistema que le permitiera atender a varias personas al mismo tiempo. Lo único que necesitaba era tocar a los enfermos, bien con la mano, bien con una varita de vidrio o de hierro, siguiendo la
teoría de la polaridad, según la cual polos de carga contraria
calmarían al paciente, mientras que los de la misma carga lo
enfermarían. Para potenciar más su acción, empleaba también
objetos magnetizados, por ejemplo, su famosa
cubeta, de la que da una descripción el
Marqués de Puységur:

"
El fondo de la cubeta está compuesto de botellas colocadas entre sí de un modo peculiar, llenas de agua magnetizada. Por encima de estas botellas se pone agua hasta una cierta altura. De la cubeta salen varillas de hierro, una de cuyas extremidades toca el agua mientras que la otra, terminada en punta, se aplica a los enfermos. Una cuerda, en comunicación con el depósito magnético y el común, une a todos los enfermos, unos a otros, lo que, en caso de existir una circulación del fluido o de movimientos, sirve para establecer el equilibrio entre ellos. Los pacientes se aplican, pues, sobre la parte enferma varillas de hierro y se atan unos a otros con cuerdas.
En este ambiente peculiar, todos esperan más o menos un milagro. Después, se oye un piano fuerte acompañado a veces de cantos, otras veces, lo que se oye es una armónica y el maestro hace entrada vestido con un traje de seda lila, impasible, olímpico, hierático, llevando en las manos una larga varilla de hierro con la que toca a los enfermos. Los mira fijamente para magnetizarlos e impone sus manos sobre sus espaldas o su vientre ".

Otro autor,
Bailly, cuenta lo que sucedía después: "
Algunos enfermos no experimentan nada; otros escupen, sienten un calor universal y sudan. Los hay que se agitan atormentados por convulsiones, que son extraordinarias por su número, duración y fuerza. A veces duran más de tres horas y están caracterizadas por movimientos involuntarios y precipitados de todos los miembros y del cuerpo entero, gritos, llantos, hipos y risas inmoderadas. Las precede o sigue un estado de languidez o de ensoñación; una especie de abatimiento e incluso de adormecimiento ". Añade
Bailly: "
Hemos observado que, entre los enfermos en crisis, hay siempre muchas mujeres y pocos hombres, que estas crisis tardaban una o dos horas en producirse y que, cuando se producía una, todas las demás comenzaban sucesivamente y en poco tiempo ".

En realidad, lo que se nos está describiendo es una típica
crisis histérica, ya que la mayor parte de los clientes de
Mesmer era histéricos, pero, aún así, su éxito fue enorme. Compró el
Hotel de Bouillon, en el que instaló
cuatro cubetas que funcionaban las
24 horas al día, una de ellas
gratuita para los pobres. Esta cubeta
tenía menos efectos que las demás, curaba menos, aunque tuvo un éxito arrollador, por lo que se vio obligado a magnetizar un silo que existía al final de la
Rue du Coq Héron, lugar al que se ataban las multitudes esperando que ocurriera el milagro. Las cura- ciones, en cualquier caso, se repetían por medio de crisis colectivas.
Mesmer pensaba que las crisis convulsivas eran imprescindibles para que se produjera cualquier curación y acusaba a la medicina oficial de impedir, con sus medicinas, que se produjeran espontáneamente.

Los enfermos
lloraban, se
revolcaban por el suelo, se
golpeaban violentamente contra el suelo, por lo que
Mesmer hizo acolchar una habitación a la que eran conducidos los enfermos con el fin de evitar que se produjeran heridas.

El
Hotel Bouillon se convirtió en el centro social de
París y todas las damas y caballeros (incluida la
Reina María Antonieta) acudían a recibir sus sesiones, algo que era considerado de buen gusto: "
era de buen tono reservar para la tarde en el Bouillon y para la noche una butaca en el teatro ", dice
Barrucand. Durante dos años
Mesmer trató de convencer a sus colegas de la bondad de su método sin conseguirlo, a pesar del éxito obtenido en la corte, rodeado siempre de duques, condes y marqueses. En
1779 Mesmer publicó "
El descubrimiento del magnetismo animal ", obra en la que relata sus experiencias. Poco a poco su fama se fue extendiendo por
Francia y por los países vecinos y sus discípulos comenzaron a extenderse por doquier.

Para forzar el reconocimiento de su método,
Mesmer, dotado de un gran sentido escénico, anunció que se marchaba de
Francia, tratando de obtener una respuesta inmediata de la corte. Estuvo durante algunas semanas en
Spa. Algunos financieros fundaron la "
Sociêté magnetothérapique ", con
140 alumnos. Esto hizo que
Mesmer volviera a
París y, por fin, vendiera su famoso secreto, ocultado durante años.
Luis XVI nombró dos comisiones para que estudiaran el
magnetismo animal. ¿Sus conclusiones? Las describe
Bailly: "
Habiendo demostrado por medio de experiencias decisivas que la imaginación sin magnetismo produce convulsiones y que el magnetismo sin imaginación no produce nada, nada prueba la existencia del fluido magnético animal ".
Mesmer se enfadó, pero no pudo recobrar la confianza de la gente nunca más, por lo que se retiró a la ciudad de
Mersbourg y murió el
5 de marzo de 1815.
El Mesmerismo.
Es considerada la primera ciencia popular. El término proviene del nombre de su fundador,
Franz Anton Mesmer. Se especializó en lo que ahora llamamos “
enfermedades funcionales ”, aquellas que tienen un origen puramente psicológico.

Aunque en aquel momento se sugirió que
algunas curas fueron el resultado la
sugestionabilidad del paciente.
Mesmer se resistió firmemente a aceptar tal hipótesis, insistiendo en su teoría de
fluidos animales. Lo único nuevo en la aproximación de
Mesmer fue su intento de incluir tales curas y teorizar sobre ellas a partir de una base científica. El
mesmerismo fue enormemente popular.
Mesmer ofreció exactamente el tipo de
pseudociencia adecuada para esa época. Fue lo bastante científica como para atraer al
nuevo racionalismo, y lo bastante espiritual como para atender también las
necesidades religiosas latentes, lo que demuestra su gran inteligencia. En el núcleo del
mesmerismo había una herramienta útil para el tratamiento de las
neurosis, aunque oculto bajo adornos, lo esencial era
la sugestión que inducía a sus pacientes. Aunque resulta obvio que el
mesmerismo y la
hipnosis nada tienen que ver entre si, el elemento común de ambos es la utilización de la
sugestión, y sin duda, el
mesmerismo fue su precursor.
El Marqués de Puységur. (1751 - 1825).
Amand Marie Jacques de Chastenet, Marqués de Puységur. Posiblemente el alumno más famoso de
Mesmer, descubrió el "
sonam- bulismo artificial ", que permitía a la
persona magnetizada hablar, oír y también realizar los órdenes que se les sugiere (no solamente ir aquí o allí, sino percibir cosas ilusorias, modificar el funcionamiento de los órganos, etc...).

Así por ejemplo, un paciente del
Marqués de Puységur, llamado
Víctor Rase, que era campesino de humilde condición y prácticamente analfabeto, al caer en los "
trances magnéticos ", hablaba con una facilidad que nunca antes había tenido, manifestando conocimientos sobre anatomía y medicina (
aparentemente inducidos mediante sugestión), incluso llegando a diagnosticar males y enfermedades y a prescribir remedios pa- ra sí mismo u otros que finalmente eran efectivos. Aunque la veracidad de esta anécdota no está "
suficientemente probada " , lo que si prueba es como el
Marqués de Puységur llegó a perfeccionar la
técnica de la sugestíon con respecto a
Mesmer.

Su alumno más destacado
Deleuze (
1753-1835) escribió en 1819: "
Defensa del magnetismo animal" y en
1825: "
Instrucción práctica so- bre el magnetismo animal", siguiendo la obra de
Mesmer y
Puységur. Las
teorías mesméricas continuaron con una serie de personajes bas- tante curiosos, como el
Abate Faria,
Cagliostro y el
Conde de Saint Germain. a esta etapa de la historia de la
hipnosis se le conoce como la
etapa precientífica. Poco después, el
Mesmerismo comienza a ser perseguido. Un joven y radical
John Elliotson (
1791-1868), joven médico que comenzó a utilizar el
magnetismo en sus prácticas y
James Esdaile (
1808-1859) médico inglés, ambos fueron perseguidos por utilizar el
mesmeris- mo, sobre todo como analgésico.
Del mesmerismo al hipnotismo. El nacimiento de la hipnosis científica.
El
mesmerismo fue lentamente evolucionando hacia el
hipnotismo, del griego
hypnos = sueño, gracias al escocés
James Braid (
1795-1860), quien se encontró con la resistencia de la clase médica y con el desarrollo de los anestésicos químicos, que hicían innecesario el
hipnotismo como anestesico quirúrgico.

El doctor
James Braid en la vieja Inglaterra de
1841 agrupó bajo el término "
hipnotismo " el
estado de sueño artificial que se obtiene por medio de la fijación de la mirada sobre una fuente brillante. Sus descubrimientos desplazaron la teoría del
fluido magnético mesmeriano, al permitir desarrollar un método técnico y científico simple, que facilitaba inducir el
hipnotismo y mediante el cual era posible producir anestesia por medio de la
sugestión, logrando estados alterados de la consciencia.

El
hipnotismo comenzó a prosperar en
Francia como una forma de tratamiento de la
histeria. Con respecto a esto surgieron dos teorías y dos
escuelas sobre la naturaleza del
trance hipnótico:
1) De los trabajos de
A.A. Liebeault (
1823-1904) se generó una escuela de pensamiento en
Nancy, que fue continuada por su estudiante
Hippolyte Bernheim (
1837-1919). Esta
escuela defendía que el
estado hipnótico era una intensificación de ciertas tendencias del sueño o de la vigilia ordinaria. “
Algunas de nuestras acciones, incluso las más sofisticadas, son automáticas, todos respondemos de forma impulsiva a algunas indi- caciones; todos alucinamos mientras dormimos ”. De acuerdo con la escuela de
Nancy, la conciencia pierde durante la
hipnosis su estrecho control habitual sobre la percepción y la acción, y las ordenes del hipnotizador se convierten inmediatamente en acciones o en percepciones alucinógenas.
2) La escuela rival del hospital de la
Salpètrière de
París liderada por
Jean Martin Charcot (
1825 -1893) mantenía que, el
estado hipnótico debía ser un estado
completamente anormal, que se encuentra sólo en pacientes histéricos, ya que se podía utilizar la
sugestión hipnótica para retirar
síntomas histéricos.
Pierre Paul Broca. (1824-1880).
Paul Pierre Broca fue un médico, anatomista y antropólogo francés. Niño prodigio, consiguió graduarse simultáneamente en
literatura, matemáticas y física e ingresó en la
escuela de medicina cuando tenía solo
17 años, graduandose a los 20, cuando la mayoría de sus contemporáneos apenas comenzaban sus estudios médicos,
Broca había finalizado ya sus estudios de medicina en
París.

Pronto se convirtió en
profesor de cirugía patológica en la
Universidad de París y un notable investigador médico en muchas áreas. A la edad de
24 años fue reconocido con premios, medallas y posiciones importantes. Sus trabajos científicos tempranos tuvieron que ver con la
histología del cartílago y hueso, pero también estudió la
patología del cáncer, el tratamiento de
aneurismas y la
mortalidad infantil. Como
neuroanatomista excelso, hizo importantes contribuciones al entendimiento del
sistema límbico.

Pero el campo de estudio en el que
Broca se hizo famoso y una piedra angular en la
historia de la medicina y las neurociencias fue el descubrimiento del
centro del habla (ahora conocido como el
área de Broca, o
tercer circunvolución del lóbulo frontal). Llegó a este descubrimiento estudiando los
cerebros de pacientes afásicos (personas incapaces de hablar), particularmente el cerebro de su primer paciente en el
Hospital Bicêtre, llamado
Tan, que fue mostrado por
Broca en
1861 con una lesión en un lado del cerebro, precisamente en el área que controlaba el habla.
Broca fue asimismo un pionero en el estudio de la
antropología física. Fundó la
Sociedad Antropológica de París en
1859, la
Revue d'Anthropologie en 1872, y la
Escuela de Antropología en París en
1876. Hizo aportes a la ciencia de "
antropometría craneal " desarrollando muchos tipos de instrumentos de medición e índices numéricos.

El
5 de diciembre de 1859,
Broca practica en el
Hospital Necker una operación bajo
anestesia hipnótica de la que da cuenta delante de la
Academia de las Ciencias poco después.
Ambroise Auguste Liebault. (1923-1904).
Liebault se interesa por el
hipnotismo desde el principio de su internado en
1848, disuadido por sus amigos de comprometerse en esta vía que podría ser perjudicial para su carrera, hace caso omiso de ellos y en
1850 se instala como médico de campaña cerca de
Nancy. En
1860 hace sus principios en la práctica de la
hipnosis y emprende una campaña de burlas a sus colegas.

Abandona la medicina clásica y comienza a tratar a sus enfermos, en general pobres, gratuitamente por
procedimientos hipnóticos.
Liebault llega a la conclusión que esto no es la acción física la que constituye el factor que
hipnotiza sino un proceso psicológico que denomina "
la sugerencia verbal ". En este punto comienza la utilización del término
hipnosis para definir esta práctica.

En
1866 escribe "
Del sueño y estados análogos considerados sobre todo desde el punto de vista de la acción del espíritu sobre el físico " consi- guiendo el desdén de los medios médicos. Sin embargo, la importancia de su papel histórico en la difusión de la
hipnosis resulta indiscutible. Inase- quible al desaliento,
Liebeault continúa tratando a cientos de pacientes bajo
hipnosis a pesar de las críticas y desprecios de muchos de sus colegas médicos de la época.

Se le considera el fundador de la
Escuela de Nancy cuya repercusión histórica será fundamental con el paso del tiempo.
Hyppolite Bernheim. (1837-1919).
Profesor desde hacía 10 años en la
Facultad de Medicina de Nancy, asiste a las experiencias y a los experimentos de
Liebault en
1882. Seducido por los resultados obtenidos y digamos que también
por el alivio de una ciática personal rebelde, va rápidamente a convertirse en el teórico y dirigente de a lo que se llamará la
Escuela de Nancy, cuyas búsquedas tendrán una resonancia histórica.

Después de algunos años,
Berhheim concluye que no hay
hipnosis, sino que hay sólo una sugerencia (
sugestión) casi negación de la
hipnosis. "
La verdad que el hombre recibe más de buena gana, es la que desea " (
Bernheim citado por
Tocino Entrevarado).
Jean Martin Charcot. (1825-1893).
El mayor de cuatro hijos varones,
Charcot nació el
29 de noviembre de 1825 en
París, donde su padre era carrocero. En
1848 lo admitieron en el
Internado de los hospitales de París y quedó marcado sobre todo por la personalidad de su maestro
Rayer, amigo de
Claude Bernard, médico de
Napoleón III y futuro decano de la
Facultad de Medicina. En
1853 presentó su tesis sobre la gota, tres años más tarde fue nombrado
médico de los hospitales y encargado de un servicio en el
hospital de Lourcine.

Después de un fracaso en
1857, fue aceptado como agregado en
1860 gracias a
Rayner, quien formaba parte del jurado y a pesar de una prueba oral mediocre. En
1862, dejó
Lourcine para ir a la
Salpêtriére. Fue en este "
museo patológico vivo, cuyos recursos eran considerables ", para decirlo con sus propias palabras, donde se desarrolló en lo sucesivo toda su carrera. Colaboró allí con su antiguo compañero de internado,
Alfred Vulpian, en las investigaciones comunes sobre la
patología nerviosa, que contribuyeron en gran medida a poner las bases de la
neurología moderna.

En
1872,
Charcot sucedió a
Vulpian en la
cátedra de anatomía patológica. Conservó este puesto hasta que, por esfuerzos de
Gambetta, se creó para él, en
1882, la primera
cátedra de clínica de las enfermedades nerviosas. Este año fue también el de su ingreso en la
Academia de Medicina, seguido de su elección, en
1883, para la
Academia de Ciencias. Se convirtió entonces en hombre de la alta sociedad parisiense, mundialmente famoso, que sentaba a su mesa a las celebridades médicas, artísticas, literarias y políticas en el transcurso de las veladas de los martes, que tenían lugar en su hotel del
217 del bulevar Saint Germain. En el Hospital, sus lecciones clínicas atrajeron de todas partes a numerosos espec- tadores, cuya curiosidad, desgraciadamente, no siempre tenía carácter médico.

Enfermo de
angina de pecho desde hacía varios años, murió la noche del
16 de agosto de 1893 de un
ataque de edema agudo del pulmón, en el albergue del
lago de los Settons, en el transcurso de un viaje de esparcimiento en el
Morvan que había emprendido con sus discípulos
Debove y
Strauss. Sus honras fúnebres solemnes se efectuaron tres días más tarde en la capilla de la
Salpêtriére. "
recubierta de luto, con un gusto que honra a la casa Borniol ", como se complació en subrayar el cronista de los
Archives de Neurologie.
Charcot nos dejó el recuerdo de un personaje de cultura amplísima, médica y artística, excelente dibujante, que supo aplicar a la caricatura sus dotes de observador, gran viajero, llamado a consulta hasta en la
corte de Rusia, gracias a su fama de clínico y de
taumaturgo, pero cuyo carácter autoritario y tormentoso no toleraba la menor contradicción. Tuvo dos hijos una mujer,
Jeanne, nacida en
1865, y un varón,
Jean-Baptiste, nacido en
1867, quien, luego de haber terminado la carrera de medicina para complacer a su padre, del que fue además interno, realizó después una carrera de explorador, antes de morir el
15 de septiembre de 1936 frente a la costa de
Reykiavik, a bordo del
Pourquoi-Pas.

Los primeros trabajos de
Charcot versaron sobre diversos temas de la medicina hasta el momento en que su llegada a la
Salpêtriére., en
1862, orientó sus investigaciones hacia el mundo, hasta entonces muy poco conocido, de las
afecciones del sistema nervioso, a cuyo estudio aplicó el
método anatomoclínico de
Laënnec. En el transcurso de los diez años siguientes, produjo lo esencial de una obra neurológica que cien años más tarde conserva aún todo su valor, y cuyos capítulos llevan los títulos de "
La esclerosis lateral amiotrófica " o "
Enfermedad de Charcot " (
1865), la "
Escle- rosis en placas " (
1868), "
Las artropatías de la tabes " (
1868-1869), o "
Las localizaciones medulares " (
1873), pero desde
1878, "
por la fuerza de las cosas, se vio sumergido en plena histeria " (relata
P. Marie).

Con ocasion de la restauración de los locales de la
Salpêtriére, adjuntaron a su servicio la "
sección de los epilépticos simples " en el que acababan de agrupar a
auténticos enfermos comiciales y a
histéricas que adoptaron los síntomas de los modelos convulsivos que tenían ante los ojos. Rápidamente,
Charcot se apasionó por este nuevo campo de investigaciones, adoptando las ideas de
Briquet, quien veía en la
histeria una
neurosis del encéfalo, y quiso aplicarla a su estudio,
siendo éste uno de sus errores, la mirada descriptiva y metódica del neurólogo.

Pretendió fijar definitivamente las "
reglas " del gran
ataque histérico,
válidas para todos los tiempos, para todos los países, para todas las razas, fue entonces cuando se produjo en su obra, aquella "
pequeña falla " de que hablaría más tarde su discípulo,
Pierre Maire, la de la introducción de la
metaloterapia de
Burq en
1876, seguida de la de la
hipnosis en
1878. Su manipulación fue confiada, sin tomar las precauciones necesarias, a colaboradores que en su mayoría se inclinaron por mostrar un "
patrón fijo ". (
Charcot , al parecer,
jamás hipnotizó personalmente a un solo paciente). Las manifestaciones que
Charcot decía obtener, a partir de un número de enfermos "
vedettes " y en resumidas cuentas restringido, que a menudo exhibía en demostraciones públicas y que poco a poco fueron educados en una atmósfera de
sugestión recíproca.

En
1882,
Charcot envió a la
Academia de Ciencias una comunicación “
Sur les divers états nerveux déterminés par l'hypnotisation chez les hystériques ”, punto de partida de las
famosas polémicas con Bernheim, a propósito de la
asimilación abusiva de la hipnosis en la histeria, de las anestesias sensitivo-sensoriales, "
creadas en todas sus partes por la sugestión médica exploradora ", y de esa "
histeria de cultura " producto puro de la
escuela de la Salpêtriére, según los de
Nancy. De este modo, se crearon
dos escuelas diferenciadas y enfrentadas:
Salpêtriére y
Nancy, una en el centro y otra en el sur de
Francia.

Las teorías de
Charcot casi no le sobrevivieron. Sin duda, él mismo lo había presentido, pues unos cuantos dias antes de su muerte confesó a su secretario
Georges Guinon que "
mi concepción de la histeria se ha vuelto caduca y es necesario repasar de pies a cabeza todo ese capítulo de la patología nerviosa ". Sin embargo, el papel de
Charcot en la historia de la
hipnosis no fue negativo. Tuvo otros muchos méritos como el de acreditar definitivamente la idea de la
histeria masculina, de llamar la atención sobre las manifestaciones de la
histeria traumática y, sobre todo, al oficializar con su prestigio el interés médico de la "
gran neurosis " favoreció la evolución de la
psicología dinámica:
Pierre Janet fue su discípulo, para quien creó el
laboratorio de psicología experimental. Sin embargo, los cuatro meses que
Sigmund Freud pasó en su servicio en
1885 -1886 influyeron sin duda mucho en los errores que
Freud cometió también con respecto a las aplicaciones clínicas de la
hipnosis.
Pierre Janet. (1859-1947).
En noviembre de
1889 comienza sus estudios de medicina.
Pierre Janet llega a la
cátedra de filosofía y en Junio de
1889 y escribe su tesis sobre "
el automatismo psicológico ".
Charcot crea para él el
laboratorio de psicología experimental de la Salpêtriére y defiende primero las ideas de su mecenas y maestro
Charcot y de la
Salpêtriére, para luego acabar por admitir lo bien fundado de la
escuela de Nancy, reconociendo el
factor psicológico en la hipnosis.

En
1892 escribe "
el estado mental de los histéricos, los accidentes mentales ” donde precisa la noción del "
estrechamiento del campo de la con- ciencia " entre estos enfermos a causa de su
debilidad psicológica. En
1901 escribe una segunda obra "
Análisis descriptivo de la otra gran neurosis: la psicastenia " llegando a un desacuerdo absoluto con
Sigmund Freud, donde critica severamente sus
doctrinas psicoanalíticas hacia las que se había derivado, abandonando la
hipnosis, y en particular lo concerniente a la
simbología de los sueños y el
origen sexual de las neurosis.
Émile Coué. (1857-1926).
Émile Coué fue un
farmacéutico y psiquiatra francés, nacido en
Troyes y fallecido en
Nancy, autor del
método curativo basado en la auto- sugestión. Durante la primera guerra mundial este médico, como tantos otros sufrió la carencia de
drogas básicas para preparar sus recetas magis- trales. Ante la impotencia de este hecho decidió no decirles a sus pacientes lo que estaba sucediendo y probar con
medicamentos placebos, esperan- zado en solucionar pronto su problema de abastecimiento y en no deteriorar mucho la salud de su gente. El normal abastecimiento de drogas para sus recetas tardó mucho más de lo que
Coué podía imaginar. Ese tiempo fue el que le dio la oportunidad de observar qué muchos de sus pacientes habían hecho el
proceso de recuperación como si estuviesen
medicados tradicionalmente. A partir de esta observación comenzó a investigar
el poder de la mente para sanar el cuerpo. Sus investigaciones dieron origen a estas tres leyes llamadas las
Leyes de Coué.
Las 3 Leyes de Coué son las siguientes:
1°) Ley de atención sostenida: Cuando una persona concentra su atención en una idea o pensamiento, dicha idea tiende a realizarse, es decir que tenderá a manifestarse en forma espontánea. La importancia de este concepto es muy relevante, dado que a partir de ella comenzarían a estu- diarse seriamente los procesos de la
atención humana y sus aplicaciones en la
hipnosis, lo que finalmente terminaría llamandose en la actualidad la
atención focalizada.
2°) Ley del esfuerzo reversible: Cuando una persona piensa que no puede hacer algo y luego lo intenta, cuanto más trata, menos puede ha- cerlo. Cuando un estado mental es tal que se piensa “
me gustaría hacer esto, pero no puedo ” cuanto más se intente realizarlo, menos posible será llevarlo a cabo, por muchas ganas que tenga de hacerlo. La relevancia de esta observación no merece comentario, ya que de ella se derivan todos los
procesos del condcionamiento.
3°) Ley del afecto dominante: Una emoción fuerte siempre tiende a reemplazar a una emoción débil. Una
emoción asociada a una sugestión hará que la sugestión sea más efectiva. Una sugestión vinculada con una emoción predominará sobre cualquier otra sugestión que se encuentre en la mente en ese momento. Esta ley sigue teniendo plena vigencia en la
hipnosis clínica moderna.
Consecuencia de las Leyes de Coué:
Cuando la voluntad y la imaginación son antagónicas,
invariablemente gana la imaginación.

En un conflicto entre la voluntad y la imaginación,
esta última siempre tenderá a anular todo el esfuerzo de la voluntad.

Cuando la voluntad y la imaginación están de acuerdo, no se suman sus efectos,
sino que por el contrario se multiplican.

La
imaginación puede ser guiada.

La fuerza de voluntad, para hacer o no hacer,
es una función de la mente consciente, mientras que la
mente subconsciente es influenciada y estimulada por la imaginación, y es la información archivada en la
mente inconsciente o subconsciente, la que determina las reacciones, actitudes y acciones de la
mente consciente. Es aquí, donde somos lo que realmente somos, en el
subconsciente mental.

Como consecuencia de estos procesos investigativos y deductivos,
Émile Coué elaboró un
método de inducción denominado el
Técnica de Coué que sigue plenamente vigente en nuestros días y cuya utilización sigue siendo cotidiana en las sesiones clínicas de
hipnosis. De esta forma
Coué se reservó un lugar destacado en la historia de la
hipnosis clínica y como ejemplar representante de la
escuela de Nancy.